¿Por qué los albicelestes dicen que las Malvinas son argentinas?
La historia entre Reino Unido y Argentina tiene larga data. Un conflicto armado de 1833 continúa en la memoria de los hinchas y, en la semifinal del Mundial, llegó a la cancha.

MILENIO
“Las Malvinas son argentinas” decía un cartel hecho a mano sobre una tela blanca que sostenían algunos jugadores argentinos luego del triunfo ante Inglaterra, en el partido semifinal por la Copa Mundial 2026. La mención al conflicto histórico entre ambos países había sido hasta ese momento evitada por la FIFA; sin embargo, contrabandeada por algún hincha a pesar de los controles, llegó a los futbolistas que la desplegaron ante las cámaras del mundo.
El archipiélago de las Islas Malvinas está compuesto por dos islas principales y más de 200 islotes menores. Ocupa una extensión de algo más de 11 mil kilómetros cuadrados y se ubican a unos 350 kms del territorio continental argentino. La demarcación de la plataforma continental de Argentina muestra que el territorio de ese país se extiende en algunos sectores más allá de los 650 kilómetros.
Para el derecho internacional, la plataforma continental es la prolongación del territorio de un país sumergido bajo el océano; por este motivo, las Islas Malvinas son geográfica y geológicamente parte del territorio argentino.
La historia comenzó en el siglo XIX
Las Malvinas habían sido tomadas formalmente bajo posesión argentina el 6 de noviembre de 1820. Luis Vernet, un comerciante nacido en Hamburgo, fue designado el 10 de junio de 1829 como el primer gobernador argentino en las Islas Malvinas. Este nombramiento tenía como objetivo consolidar la soberanía argentina en el archipiélago.
Sin embargo, el 3 de enero de 1833, la Marina Real Británica invadió las islas y expulsó por la fuerza a las autoridades y la población argentina legítimamente establecida, entre ellos a Malvina Vernet, una niña de tres años que había nacido en las islas.
Así fue el comienzo del conflicto histórico. Desde entonces Argentina reclama la restitución de la soberanía territorial y política que le corresponde por derecho histórico y geográfico.
Giovani Lo Celso con manta de “Las Malvinas son argentinas” tras clasificar a la Final | Foto: APLos pibes de Malvinas
Varios de los cánticos de las hinchadas argentinas de futbol se refieren a “los pibes de Malvinas”. Esto es en recuerdo de los soldados no profesionales que fueron enviados prácticamente sin formación y con escasos pertrechos a la guerra que la dictadura argentina (1976-1983) inició el 2 de abril de 1982, en un torpe intento por retomar el control de las islas por la fuerza militar.
En ese momento, el régimen totalitario comenzaba a perder poder, luego de consumar la peor y más sangrienta represión que conoce la historia de ese país. Tras la debacle de un programa económico que sostuvo el dólar excesivamente bajo a costa de un excesivo endeudamiento y la crisis de las deudas soberanas, la economía nacional estaba en crisis.
Los partidos políticos se rearmaron y resurgieron sindicatos combativos reclamando en las calles. El malestar popular era evidente y, en el seno del propio Ejército, comenzaba una lucha interna que mostraba la debilidad del gobierno. Recuperar las Malvinas era la fuga hacia adelante que necesitaba el dictador Leopoldo Galtieri.
Convencidos de que el gobierno del Reino Unido, encabezado por Margaret Thatcher, no enviaría tropas, los generales argentinos desembarcaron en Puerto Argentino y tomaron el control de las operaciones. Sin embargo, en dos meses fueron totalmente derrotados en el territorio austral.
Una de las más dolorosas heridas de esa batalla fue el hundimiento del crucero General Belgrano de la Armada argentina, que produjo la muerte de 323 de sus tripulantes, la mitad del total de argentinos caídos en la guerra. El ataque británico se llevó a cabo cuando el barco se encontraba fuera del área de conflicto. La orden dada por la propia Thatcher constituye un crimen de guerra jamás juzgado.
A esos jóvenes que fueron llevados al frío, al hambre y a la muerte sin estar preparados ni informados, se los recuerda como los “pibes de Malvinas”, víctimas también de una dictadura que los utilizó para intentar salvarse.
La disputa diplomática
Esta acción retrasó el trabajo diplomático que se había realizado durante décadas. En 1965, la resolución 2065 de la Asamblea General de la ONU reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos países a negociar. Allí define que el caso de las Islas Malvinas es una de las formas de colonialismo a las cuales debe ponerse fin.
Si bien Argentina logró declaraciones en la ONU que reconocían sus “continuos esfuerzos” para “facilitar el proceso de descolonización”, reclamaba que se “aceleren las negociaciones relativas a la disputa sobre soberanía”.
A partir de 1982, el Reino Unido tuvo la excusa perfecta para rechazar cualquier tipo de diálogo que incluyera la discusión sobre la soberanía. La región europea sigue negándose a hacerlo, aún cuando el 25 de junio el Comité de Descolonización de la ONU aprobó por consenso un proyecto de resolución que le exige que negocie con Argentina la disputa soberana sobre las Islas Malvinas.
Pero más allá de la burocracia diplomática, en el sentimiento de gran parte del pueblo argentino no es posible separar la causa Malvinas de la cultura popular, como se muestra en ese cartel desprolijo y en las canciones de cancha. Ese reclamo es mucho más vital que cualquier declaración formal de gobiernos y organismos: ni la propia FIFA con sus reglamentos lo pudo acallar.
