Las entrañas del poder: Cochecitos de ficción

Por Olegario Roldan 

Cuando una parte del todo cae, lo demás no está seguro.

Séneca

No habrá planta Olinia en Puebla ni producción propia: el “Tesla mexicano” ya viene con outsourcing incluido.

El Gobierno federal presentó con entusiasmo el próximo gran símbolo de la soberanía tecnológica nacional: el auto eléctrico Olinia. Aunque, a juzgar por los últimos anuncios, la parte “nacional” será más conceptual que industrial.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el prototipo final del vehículo será presentado el 7 de junio.

Hasta ahí, todo sonaba a epopeya industrial del siglo XXI: innovación mexicana, electromovilidad y discursos con render en pantalla gigante.

El detalle incómodo llegó después: el proyecto no tendrá línea de producción propia y el Gobierno deberá asociarse con una empresa privada para fabricarlo.

Traducido del lenguaje oficial al español cotidiano: el coche eléctrico mexicano no se fabricará realmente en una planta mexicana del Estado, porque esa planta nunca existió.

Con ello también se esfuma la posibilidad de que Puebla —ese pequeño detalle llamado capital automotriz del país— ensamblara el vehículo. Después de décadas produciendo autos para medio mundo, la entidad quedó fuera del proyecto que prometía inaugurar una nueva era industrial.

Al parecer, para construir el futuro eléctrico nacional sí hacía falta experiencia… pero no tanta como para invitar a Puebla.

Así, Olinia pasa de ser el ambicioso emblema de una industria propia a convertirse en algo más familiar para México: una idea gubernamental tercerizada. Un coche que todavía no circula, pero que ya aprendió a subcontratar.

Capital Imparable

Puebla sigue afinando su propuesta turística extrema: ahora las balaceras ya incluyen recorrido desde el Mercado Morelos hasta Amalucan, con escala frente a la Clínica 55 del IMSS y cierre en la colonia Maravillas.

Según el más reciente episodio de “la autoridad ya viene en camino”, sujetos armados dispararon desde un automóvil contra dos motociclistas; uno terminó con al menos cuatro impactos de bala y el otro simplemente desapareció del mapa tras ser levantado.

La persecución dejó heridos, entre ellos un menor, mientras las patrullas aparecieron después para adornar la escena con la ya tradicional “intensa movilización policial”, ese ritual donde abundan las torretas, los acordonamientos y las declaraciones solemnes, aunque los responsables casi siempre logran graduarse con honores en evasión.

Entre mercados convertidos en zonas de guerra y hospitales que funcionan como telón de fondo para ejecuciones, Puebla insiste en demostrar que aquí la violencia no descansa… pero la estrategia de seguridad sí parece tomar demasiados descansos.

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