Artillería alemana cimbró al mundo; Segunda Guerra Mundial

EXCELSIOR

Hoy se cumplen 80 años de la invasión alemana a Polonia, acción que marcó el comienzo del conflicto más sangriento de la historia y que dejó millones de muertos

CIUDAD DE MÉXICO.

El 1 de septiembre de 1939 el cielo polaco se ensombreció con la caída de la primera bomba que daba inicio a la Segunda Guerra Mundial.

S.O.S.: estoy bajo fuego enemigo” fue el mensaje de auxilio que el comandante de la fortaleza de Westerplatte, cerca de la ciudad de Gdansk (entonces la ciudad libre de Danzig), envió a sus superiores la madrugada de ese día, bombardeado por la artillería nazi.

 

Tropas alemanas se mueven en una zona devastada del territorio polaco, en el marco de la Segunda Guerra Mundial

 

A partir de ahí, las fuerzas alemanas desplegaron su “guerra relámpago”, conquistando fácilmente una Polonia abandonada por sus aliados (Reino Unido y Francia), y controlando gran parte de Europa, especialmente entre 1941 y 1942.

El 17 de septiembre de 1939, las fuerzas soviéticas invadían Polonia desde el Este en virtud del pacto Ribbentrop-Molotov.

 

Militares avanzan por un puente.

 

Tras ser dividida por nazis y bolcheviques, Polonia perdió la mayor parte de su Ejército, casi un millón de hombres, mientras su población civil, especialmente la de origen judío, comenzaba a sufrir el drama de la ocupación.

Alrededor de 70 mil soldados murieron en esas primeras semanas de guerra, 130 mil resultaron heridos y 700 mil fueron hechos prisioneros por los alemanes o los rusos.

 

 

Otros 80 mil lograron escapar hacia Rumania y acabaron sumándose como tropa extranjera a los ejércitos de Francia y Reino Unido, mientras las pocas unidades que permanecieron en libertad en Polonia pasaban a la lucha clandestina.

Los polacos siguen recordando la Segunda Guerra Mundial con angustia, y una sensación de que su país estaría ahora infinitamente mejor de no haber sido por ese conflicto.

 

 

Ese dolor es especialmente intenso cuando se recuerda el ataque soviético y las cuatro décadas de régimen socialista que siguieron al fin de la guerra, en 1945, lo que evidencia que el pueblo polaco, o al menos sus dirigentes, no ha acabado de reconciliarse con Moscú.

 

HERIDAS PRESENTES

 

La reconciliación con Alemania puede parecer total, aunque tampoco está tan claro si se tienen en cuenta las reparaciones que Varsovia reclama de Berlín por la destrucción de infraestructuras e inmuebles, la pérdida demográfica y el empobrecimiento que produjo la guerra.

Una destrucción que se cebó con ciudades como Varsovia, la “París del Este”, como se la conocía en la década de los años 30, destruida en casi 80%, y que pasó de tener un millón de habitantes antes del conflicto a apenas un millar escondidos entre los escombros cuando los soviéticos entraron en enero de 1945.

 

Elementos castrenses montan guardia junto a tanques militares en calles de Varsovia

 

Para Polonia, esa indemnización asciende a cerca de un billón de euros, mientras Alemania prefiere hablar de mera “responsabilidad moral”, como su ministro de Exteriores, el socialdemócrata Heiko Maas, dijo este agosto durante una visita a Varsovia.

Así son las heridas de la guerra, difíciles de sanar para la sociedad polaca, arrasada por un conflicto que sólo en ese país dejó seis millones de muertos, de ellos la mitad judíos.

Precisamente los descendientes de la comunidad judío-polaca, que antes de la guerra suponían 10% de la población del país, piden actualmente al gobierno de Polonia que les compense por las propiedades requisadas durante el comunismo, a lo que Varsovia se niega.

 

Un herido descansa, mientras a su espalda avanza un vehículo de guerra

 

Pero también existe cierto orgullo entre la sociedad polaca por su heroica resistencia contra la invasión nazi y soviética, y por acontecimientos como el Alzamiento de Varsovia de 1944 o la victoria de los Aliados contra los nazis en Montecassino (Italia), en la que fueron decisivos los soldados polacos en el exilio.

Las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial fueron el colapso de la Alemania nazi, la caída de los imperios japonés e italiano, la creación de las Naciones Unidas, el surgimiento de Estados Unidos y la Unión Soviética como superpotencias y el comienzo de la Guerra Fría.

 

Con información de EFE

 

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