El año en que la economía de México tocó fondo, ¿qué aprendió el país?

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CIUDAD DE MÉXICO.- En 1932, el Producto Interno Bruto (PIB) de México tuvo su mayor caída de la historia, su descenso fue de 14% y esto fue lo que sucedió en el país.

Amalgamadas crisis económica —la más severa en la historia del país— y turbulencia política— producto del reacomodo posrevolucionario, el 2 de septiembre de 1932, el presidente constitucional de México Pascual Ortiz Rubio renunció a su cargo, en el que llevaba dos años, seis meses y 26 días.

La caída financiera de 1932, con una pérdida del 14% del (PIB) y proporciones de bancarrota del país fue el resultado de un coctel de factores internos que inició en 1926 y se agravó tres años después con la Gran Depresión.

En lo político, la figura caudillista, avasalladora del expresidente de México, el general Plutarco Elías Calles, proclamado jefe máximo de la Revolución, y su grupo encabezado por el general Manuel Pérez Treviño, obligaron a Ortiz Rubio a decidir entre arrestar a Calles, iniciar una sangrienta guerra civil y su sacrificio político, según escribió el general Lázaro Cárdenas del Río el 14 de octubre de 1931, un día antes de dejar de ser secretario de Gobernación de Ortiz Rubio.

La Gran Depresión que estalló en Estados Unidos en dos tiempos, uno el 24 y otro el 29 de octubre de 1929, empeoró tanto la situación económica de México y se imbricó con decisiones políticas, que terminaron de fundir las finanzas del país.

A partir de la pandemia por el covid-19, los indicadores financieros para este 2020  asemejan una situación económica como la de hace 88 años

La onda expansiva de lo ocurrido en Wall Street en 1929, llevó al gobierno de México a tomar varias decisiones que desestabilizaron aún más sus finanzas:

En 1930 firmó un convenio sobre su deuda externa, que se rompió dos años después.

En 1931 hizo una reforma monetaria, conocida como Ley Calles: desmonetizó el oro, la plata tomó su lugar y propició devaluación del peso frente al dólar de 2.50 a 4 pesos en una semana; nueve meses después, la Ley Calles fue sustituida por una nueva Ley Monetaria, en marzo de 1932.

En enero de 1932 México declaró moratoria a su deuda externa; hubo reducción en partidas de gastos, como en la de sueldos, servicios y despidos en la administración pública y el PIB cayó 14 por ciento.

CALLES, EN TODAS PARTES

La presencia del general Plutarco Elías Calles en todo lo relacionado con la gobernabilidad del país —incluyendo un ánimo reeleccionista para senadores y diputados—, minó cualquier posibilidad de que Ortiz Rubio pudiera gobernar. En los dos años y medio como presidente, Ortiz Rubio hizo varios cambios en su gabinete. Incluso sumó a Calles con un objetivo aglutinador de las fuerzas políticas, que fue insuficiente.

El 24 de julio de 1931 Calles fue electo presidente del Consejo de Administración del Banco de México —entonces y hasta 1994, el Banxico era una dependencia del Ejecutivo federal—, y un año antes de que Ortiz Rubio dejara la Presidencia, el 16 de octubre de 1931, en una de las renuncias de su gabinete, Calles tomó el control del Ejército y la Marina, a instancias del general Lázaro Cárdenas. Dos meses antes de la renuncia presidencial, Calles dejó el gabinete para operar el reemplazo de Ortiz Rubio.

Entre los factores económicos internos amasados desde 1926 y que alcanzaron su mayor intensidad cuando Ortiz Rubio renunció —ésa fue la última vez que en México un Presidente no terminó su mandato—, destaca que la producción petrolera y minera hicieron implosión; la exportación de oro y plata cayó igual que la venta de petróleo y sus derivados; además, las compañías petroleras rompieron un acuerdo con el gobierno para el pago de impuestos, lo que estuvo a punto de desatar una invasión de Estados Unidos a México, en 1927.

A esos hechos se sumaron los efectos del crack bursátil en la Unión Americana, que fueron devastadores e inmediatos; se extendieron por el mundo como un virus implacable. La economía mexicana no quedó inmune a sus efectos devastadores.

Datos del Banco de México indican que Producto Interno Bruto (PIB) entre 1925 y 1932 tuvo un retroceso de 22% en términos corrientes, pasando de tres mil 621 a dos mil 821 millones de pesos.

Otros datos señalan que entre 1929 y 1932 el PIB tuvo una pérdida de 20.55%. Para cualquier efecto, la caída del PIB es consistente, y por eso la historia registra este periodo como la peor debacle económica de la historia de México.

A UN TRIS DE LA INVASIÓN DE EU

Uno de los puntos más álgidos de la crisis económica de 1932 está contextualizado, entre otras cosas, por la actitud de los sindicatos petroleros y las empresas extranjeras del ramo que le escamoteaban el pago de impuestos al gobierno mexicano, mientras que los sindicatos mantenían una actitud beligerante, dificultando la gobernabilidad. (La expropiación petrolera fue en 1938).

El acuerdo que tenía el gobierno de México con las compañías petroleras extranjeras que operaban aquí consistía en que el pago de impuestos por la exportación de crudo lo harían en Nueva York. Esto le servía al gobierno para un ajuste cambiario y le aseguraba de una oferta de dólares para poder cumplir con sus compromisos internacionales. Fue roto en septiembre de 1926.

Aparejado a estos hechos, está el intento de invasión de Estados Unidos a México en 1927. El 29 de marzo de 1927, el titular principal de Excélsior dice: “Infame maquinación para que México y los Estados Unidos rompieran sus relaciones”. Se trata de una noticia sobre el intercambio de información que funcionarios de Estados Unidos tuvieron, en preparación de una invasión militar por los desacuerdos entre el gobierno de México y las empresas petroleras. El plan estadunidense estaba en documentos que fueron interceptados por el presidente Plutarco Elías Calles y revelados por The New York Times un día antes.

El Times tituló en su primera plana esa información así: “Encontraron documentos fabricados que atacan a México en un complot para generar una crisis; Calles tuvo acceso a mensajes. Los interpretó como una incitación a la guerra o respaldando una revolución”.

Fue a raíz del descubrimiento del presidente Calles, que éste le ordenó al general Lázaro Cárdenas del Río, entonces encargado de la 36ª. Jefatura de Operaciones Militares de la Huasteca veracruzana, penderles fuego a los pozos petroleros si se daba la invasión estadunidense programada a territorio nacional y descubierta gracias a un espía que Calles tenía y que se identificaba en los documentos como “10-B” y que hasta ahora no se conoce su identidad, según consta en el libro Cárdenas por Cárdenas, escrito por Cuauhtémoc Cárdenas en 2016.

1929: CATÁSTROFE FINANCIERA

Con mayúsculas y a ocho columnas Excélsior publicó el 25 de octubre de 1929 el inicio de la crisis económica mundial “Catástrofe financiera”. Quizás es la más parecida a la que está por fraguarse a partir de la pandemia por el covid-19 y de la cual la economía mexicana no escapará. Analistas del Banco de México calculan que el 2020 cerrará con una contracción de 7.1%, la mayor desde 1932, que fue de 14%. El sábado pasado Excélsior publicó declaraciones de Gabriela Siller, directora de Análisis Económico y Financiero de Banco Base, en el sentido de que este año México tendría una contracción económica de 8%; aunque, con la perspectiva de que el resultado negativo de diversos indicadores, la economía podría tener un desplome de hasta 14 por ciento.

La información de hace 88 años subraya que “el desastre hizo que millares de personas, ayer millonarias, hoy estén en la miseria”. Refiere la nota que “escenas patéticas se desarrollaron en Wall Street, y los bolsistas arruinados estaban a punto de perder la razón”.

Cuando el mundo estaba a la expectativa de lo ocurrido el 24 de octubre, cinco días después, el 29 de octubre, también desde Nueva York, la economía mundial recibió una estocada profunda.

“Millares de personas en la miseria por el pánico financiero en Estados Unidos”, se lee en el ejemplar de Excélsior del 30 de octubre de 1929. “La desmoralización y el pánico continuaron ayer en la bolsa de New York”.

De forma paralela a la agudización de la crisis económica mundial, México se enfilaba a las elecciones extraordinarias del 3 de noviembre de 1929. En el diario de ese 30 de octubre se anunciaba el cierre de registro de candidatos para el 3 de noviembre siguiente. Las elecciones fueron 14 días después y el ganador, impugnado por los seguidores del candidato del Partido Nacional Antirreeleccionista, José Vasconcelos, fue Ortiz Rubio, miembro del Partido Nacional Revolucionario (antecedente del PRI).

Al cataclismo económico mundial, más los factores internos, quedó amarrado el destino de Ortiz Rubio, uno de los tres mandatarios del llamado Maximato -los otros fueron Emilio Portes Gil y Abelardo L. Rodríguez-, donde el poder tras la silla presidencial lo ejecutaba Plutarco Elías Calles, como jefe máximo de la Revolución Mexicana.

ASUNCIÓN Y ATENTADO

Cuando Ortiz Rubio tomó posesión de la Presidencia, el 5 de febrero de 1930, y apenas llevaba unos minutos en el cargo, atentaron contra su vida. La nota más importante del 6 de febrero de 1930 en Excélsior fue: “El atentado contra el Presidente; solemne ceremonia de protesta”.

En la información periodística del atentado contra el nuevo Presidente de México se mencionaba que el hecho había ocurrido a las dos y media de la tarde cuando Ortiz Rubio, su esposa Josefina Ortiz y una sobrina, María Rosch, salían de Palacio Nacional, después de la ceremonia de toma de posesión en el Estadio Nacional, ya desparecido.

Ortiz Rubio recibió un balazo y su esposa un rozón en el cuero cabelludo, según la nota informativa del 6 de febrero de 1930.

La inestabilidad económica en México ya había tomado fuerza.

El 24 de julio de 1930, un cablegrama exclusivo para Excélsior, con lugar de origen en Nueva York informaba: “Son esperadas declaraciones sobre la deuda”. La información se refería a lo que la historia registró como el convenio que firmó el secretario de Hacienda de la época, Luis Montes de Oca, y el presidente del Comité Internacional de Banqueros, Thomas W. Lamont.

La nota informativa señala: “No se pudo hoy en la noche confirmar en esta ciudad la información exclusiva de Excélsior publicada hoy, en la que se adelanta que el Comité Internacional de Banqueros interesados en México, habían aceptado la oferta del Ministro de Hacienda, señor Luis Montes de Oca, para renunciar a los intereses sobre los bonos hipotecados de los Ferrocarriles de México que no han sido pagados desde 1914…”.

Aunque el punto clave era que se esperaba de un momento a otro una declaración conjunta sobre el resultado, por parte de ambos personajes, sobre la deuda externa de México.

MONTES DE OCA-LAMONT

Al día siguiente, 25 de julio de 1930, la expectativa crecía. Excélsior publicó una información titulada, “Habrá convenio con los banqueros”. Desde Nueva York, en el despacho informativo se lee: “Aun no se ha celebrado un acuerdo final sobre la reanudación de pagos de la deuda exterior de México entre el Comité Internacional de Banqueros y la delegación mexicana de la deuda que vino a esta ciudad desde hace un mes: pero el corresponsal de Excélsior entérose hoy en la noche en una fuente próxima a los delegados, de que tanto el Ministro de Hacienda, el señor Luis Montes de Oca, como el presidente del Comité, Mr. Thomas W. Lamont, esperan llegar a términos concretos “mucho más pronto de lo que parecía posible”.

El acuerdo llegó al día siguiente. El 26 de julio de 1930, la información principal de Excélsior informó: “Se firmó el convenio de la deuda mexicana”.

La nota, firmada por el Luis Ladrón de Guevara, corresponsal especial de la Associated Press, señala que “El convenio intitulado Plan de Reajuste y Consolidación de la Deuda Mexicana fue firmado hoy, a las tres de la tarde, en las oficinas de J. P. Morgan & Company. Estuvieron presentes, además del Ministro de Hacienda de México, señor Luis Montes de Oca, y de Mr. Thomas W. Lamont, presidente del Comité Internacional de Banqueros, que fueron los signatarios…”.

“Como resultado de estas discusiones, el secretario de Hacienda y el Comité Internacional han llegado a un convenio, bajo el cual el Comité recomendará a los tenedores de bonos que se extiendan facilidades a México para que reanude el servicio de su deuda extranjera, mediante la reducción de las sumas que se deben por intereses atrasados, y mediante la extensión del período de pagos a cuarenta y cinco años”, dice la nota.

DE CARA A LA LEY MONETARIA

Los primeros pasos hacia la desmonetización del oro como moneda en la economía de México se esbozaron a principios de 1931.

El 6 de enero de 1931, en la primera plana de Excélsior se publicó una nota, a todas luces, en ese momento inocua. “En breve funcionará la reguladora de la Plata”. Ése era el camino hacia una nueva Ley Monetaria.

La nota informativa revelaba que en el curso de ese semana -el 6 de enero fue martes-, se instalaría en el edificio del Banco de México, la Comisión Reguladora de los Cambios, y que enseguida operaría con el objetivo de obtener una paridad conveniente de la moneda de oro respecto del dólar y de aquélla con respecto a la moneda de plata.

“La acción de la Comisión en el mercado local, determinará desde luego, según se nos ha dicho, una baja progresiva del tipo de compra de dólares con oro nacional y simultáneamente una revalorización de la moneda de plata, que, como se sabe, constituye actualmente la moneda en uso por excelencia, tanto para la compra de giros sobre el exterior, como para toda clase de operaciones que no sean a plazo”, se lee en el texto original de la información.

Con el mismo objetivo de desmonetizar el oro, el 28 de enero de 1931 surgía la notica desde el Congreso Económico de la aprobación de “un interesante dictamen sobre la moneda el Congreso Económico”.

En la nota publicada en la primera plana de Excélsior, hay varios puntos sobre el tema. Uno de ellos fue la creación del billete del banco del tipo plata.

Sugerirle al gobierno la conveniencia de revisar las leyes bancarias, para crear un sistema por unidades de funciones, entre las cuales estaba una institución para estudiar las oportunidades agrícolas, comerciales e industriales del país, a fin de atraer capitales extranjeros y hacer volver a los nacionales.

El Congreso Económico también sugería al gobierno su cooperación “con las naciones productoras de plata… pues siendo este artículo uno de los principales renglones de nuestra exportación, es indudable que el aumento en el precio, que se pueda lograr, vendrá a facilitar grandemente la resolución del problema monetario”.

Otra sugerencia al gobierno ese 28 de enero de 1931 fue la conveniencia de fomentar la producción de oro en el país, con premios para los descubridores de minas, disminuyendo los impuestos que gravan la producción de ese metal.

Además de esta información, apareció como nota principal del diario lo siguiente: “Se hace necesaria una nueva reducción del presupuesto”.

Los egresos de entonces, señalaba la nota, se recostarían en 40 o 50 millones. “La Secretaría de Hacienda busca un equilibrio por la reducción de ingresos”, se lee en el sumario de la información.

Al día siguiente, el 29 enero 1931, la información más relevante en Excélsior fue la confirmación por parte de Hacienda de la reducción del presupuesto para el ejercicio fiscal de ese año, aunque sin precisar el monto; pero también se informaba sobre los 20 millones de desempleados que para entonces había en el mundo.

EL ORO, FUERA DE CIRCULACIÓN

Cuando ya era inminente que se realizara una ley monetaria, el 17 de julio de 1931, en la primera plana de Excélsior se publicó información relacionada con lo que vendría. “El infundado temor a una moratoria para pagos en oro produce la baja de la plata”.

La nota daba cuenta de la cotización de la plata y el oro. “Esa persistente flojedad de la moneda argentífera produjo el consiguiente malestar en el público, tanto más cuanto que ostensiblemente no se advierte motivo alguno que justifique el fenómeno”.

Aunque el 25 de julio de 1931 el Banco de México tuvo una nueva ley, la noticia importante del domingo 26 en Excélsior fue: “Se expidió una nueva Ley Monetaria; no tendrá el oro circulación legal; poder ilimitado para el peso plata”.

Ésta es la ley que la historia registró como Ley Calles. El general Plutarco Elías Calles, ex presidente de México, fue a partir del 24 de julio de 1931 presidente del Banco de México.

La primera plana íntegra se dedicó a distintas informaciones relativas a la Ley Monetaria. Incluyendo una carta del entonces secretario de Hacienda, Luis Montes de Oca, por la publicación, el día anterior de un adelanto sobre el tema: “Una reforma monetaria dará fin al problema de la plata”.

La queja de Montes de Oca fue que “en realidad la noticia provocó desasosiego y perturbación efectiva, con perjuicio de algunos intereses comerciales de la ciudad, y creo que hubiera sido preferible que la prensa no fuera causa de dichas perturbaciones. Al suplicar a usted la publicación de esta carta, le ruego se sirva tener en cuenta las circunstancias que la motivan, para evitar la repetición de casos como el que señalo”.

El mismo día que Excélsior adelantó la puesta en marcha de la Ley Monetaria, se registró la elección de Calles como presidente del Banco de México. En la página 3 aparecen dos fotografías del momento, con el título “La asamblea en el Banco de México”.

Tres meses después de haberse convertido en presidente del Consejo de Administración del Banco de México, el 16 de octubre de 1931, con el objetivo de atemperar la crisis política del gobierno de Ortiz Rubio, el presidente de México nombró secretario de Guerra a Marina al general Plutarco Elías Calles, en sustitución del general Joaquín Amaro, quien a su vez había sustituido a Calles.

“Hace el Sr. General Calles un Elogio del Ejército Nacional”, se lee en el encabezado principal de Excélsior del 17 de octubre de 1931.

El texto de la información publicó el discurso de toma de posesión de militar:

“Los motivos que han hecho que venga yo a asumir la jefatura del Ejército Nacional, es decir, a ocupar el puesto de secretario de Guerra y Marina en el gobierno del señor Presidente de la República, no son desconocidos por ustedes; se deben a un acto de lealtad, de desinterés y de patriotismo del señor general Amaro, para allanar al gobierno de la República el camino para poder resolver la crisis de carácter político que se había presentado en el mismo y en cuya crisis el Ejército nacional no ha tenido ni tiene, en mi concepto, ninguna participación, porque la institución, hasta el presente, se ha mantenido al margen de los acontecimientos políticos, cumpliendo su deber y su misión de salvaguardar las instituciones constituidas y de asegurar el orden y la tranquilidad pública”.

MORATORIA MEXICANA

El 11 de enero de 1932, año y medio después de la firma del convenio Montes de Oca-Lamont, el Congreso de la Unión empezó a analizar la viabilidad de éste. En la primera plana de Excélsior se publicó la nota informativa titulada “Hoy comienza a ser discutido el convenio de la deuda exterior”.

En ese mismo periodo extraordinario de sesiones se alistaba para ver asuntos relacionados al presupuesto.

Al día siguiente, 12 de enero de 1932, el encabezado principal de Excélsior, a ocho columnas y en mayúsculas se lee: “Los servicios de la deuda se posponen para el año 1934”.

El párrafo inicial de la nota sobre esta moratoria dice: “El señor Presidente de la República, ingeniero Pascual Ortiz, envió a la consideración del Congreso de la Unión -que abrió ayer tarde su periodo extraordinario de sesiones al que fue convocado por la Comisión Permanente- una interesantísima iniciativa de ley relacionada con los convenios celebrados para el pago de la Deuda Exterior.

“En la referida iniciativa el primer magistrado pide se dé un aplazamiento para fijar nuevas fechas a las obligaciones contraídas por nuestro gobierno en virtud de los convenios celebrados el 25 de julio de 1930 y el 29 de enero de 1931, respectivamente, entre el secretario de Hacienda y Crédito Público, señor Luis Montes de Oca y el Comité Internacional de Banqueros con Negocios en México, aplazamiento aceptado ya por el referido Comité de Banqueros, según último contrato celebrado con el propio secretario de Hacienda en representación de los Estados Unidos Mexicanos, con fecha 22 de diciembre de 1931”.

El viernes 14 de enero de 1932, el Senado de la República había aprobado la iniciativa de moratoria. El texto de la nota principal de Excélsior del 15 de enero señala: “Ayer, a las doce horas, celebró el Senado de la República una sesión secreta de bloque, en la que se ratificó la iniciativa enviada por el Primer Magistrado de la República, sobre el aplazamiento del pago de la Deuda Exterior, tal y como lo solicitó el Ejecutivo, concediéndose la dispensa de trámites, tanto a esta iniciativa, como a las otras que envió la Cámara de Diputados y con cuyo estudio y discusión declaró clausurado el periodo extraordinario de sesiones”.

“EL ENIGMA DE 1932″

Paul Painleve, exprimer ministro de Francia, escribió el 20 de enero de 1932 en las páginas editoriales de Excélsior un artículo titulado “El formidable enigma de 1932”.

El texto de este matemático inicia así: “¿Cómo será el año de 1932 que empezamos a vivir? He aquí la pregunta que todas las naciones se hacen a sí mismas con la mayor ansiedad, mientras la miseria aflige a millones de seres humanos y crea una honda inquietud en el ánimo de todos por lo que respecta al mañana”.

El mismo día que el exprimer ministro francés publicó su texto y ocho días después de la noticia de la moratoria y el descalabro para el secretario de Hacienda, Luis Montes de Oca renunció a la dependencia.

Excélsior tituló en la primera plana la noticia publicada el 21 de enero de 1932 así: “Quedó integrado un nuevo gabinete presidencial”.

Junto con Montes de Oca, que había ocupado el mismo cargo en la presidencia de Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil y Ortiz Rubio, salieron del gabinete Aarón Sáenz, secretario de Industria y Trabajo, y Genaro Estrada, secretario de Relaciones Exteriores. En Hacienda quedó Alberto J. Pani, que volvía a ocupar la cartera; la cancillería fue ocupada por Manuel Téllez e Industria por Abelardo L. Rodríguez, que a la postre sería el sucesor de Ortiz Rubio.

La renuncia de esos tres secretarios obedeció a la crisis política, con perfil de las modificaciones de orden económico que se había dado en el gobierno mexicano.

En la edición del 24 de enero de 1932, Excélsior publicó la información en que el Jefe de la Revolución, expresidente de México y entonces titular de Guerra y Marina, el general Plutarco Elías Calles, daba su visto bueno a los cambios en el gabinete presidencial. Lo que refrenda esta información es la incidencia que Calles tenía en las decisiones del Estado Mexicano.

“Está satisfecho el general Calles por la resolución de la crisis”. La nota señala que “El jefe de la Revolución, general Plutarco Elías Calles, según nos informaron ayer los señores diputados, les manifestó encontrarse satisfecho por la forma favorable como la opinión pública ha recibido al nuevo gabinete presidencial. Como informamos en nuestra edición de ayer, la Comisión Permanente del Congreso de la Unión designó a un grupo de sus miembros para que se trasladaran a la ciudad de Cuernavaca e hiciera al señor general Calles una visita con motivo de la resolución de la última crisis política”.

CRISIS, CENTRO DEL MENSAJE

Días antes del informe presidencial del 1 de septiembre de 1932, había versiones de que el Presidente Ortiz Rubio estaba inquieto, sobre todo después de los cambios en su gabinete en enero anterior.

El jueves primero de septiembre de 1932 todo transcurría en aparente calma. Se registró que ese día se abriría la sesión ordinaria del Congreso de la Unión y que como lo marca la ley, el presidente Ortiz Rubio daría su mensaje a la nación.

Al día siguiente, 2 de septiembre de 1932, la nota informativa fue el informe de gobierno, simple y llanamente.

En decenas de ocasiones, en el informe de Ortiz Rubio aludió a la palabra crisis.

Por ejemplo cuando habló de la dotación de tierras: “Si, por las condiciones económicas reinantes, no estuviera el gobierno restringido en sus posibilidades, se habría intensificado todavía más la dotación de tierras, con el propósito de llevar a término, cuanto antes, esta interesante reforma, pero la crisis económica ha sido uno de los mayores escollos y nos ha impedido muy en contra de nuestras aspiraciones, aplicar mayor aceleración en la ejecución de este programa”.

También cuando reconoció que “De cualquier manera, la crisis ha afectado grandemente las finanzas del gobierno de la República, que se ha visto precisado a economías extremas y reducciones de consideración, tanto en las partidas de gastos, como en las de sueldos y servicios. Como veréis en el Informe detallado correspondiente, los conceptos de ingresos, disminuidos en cantidad mayor a la previsible, obligan a la disminución correlativa en los egresos”.

Cuando el entonces presidente Ortiz Rubio tocó el tema de la crisis monetaria, expresó: “Como se dijo antes, una de las más importantes consecuencias de la crisis ha sido la baja de nuestro cambio sobre el exterior y la inestabilidad monetaria interior.

“Efectivamente, a consecuencia de la situación económica prevaleciente, la balanza de cuentas ha arrojado un saldo desfavorable para México, el cual, agravado por la emigración de capitales, dio origen a que la antigua moneda de oro nacional tomara el papel de simple mercancía internacional y dejar de llenar su función puramente monetaria. La demanda de oro mexicano amonedado para cubrir obligaciones en el exterior y su exportación, no obstante la estricta prohibición que existía para hacerla, produjeron un enrarecimiento de la moneda de oro y por lo tanto un alza de su valor respecto de la plata”.

ADIÓS, TRAS EL INFORME

Todo este recorrido por la hemeroteca de Excélsior tiene como corolario la renuncia del presidente de México Pascual Ortiz Rubio.

“Formuló su renuncia el presidente Ortiz Rubio”, se lee en el titular principal del 3 de septiembre de 1932.

La información de la noticia, acompañada de otras, como que el expresidente haría un viaje al extranjero, o que Abelardo L. Rodríguez se perfilaba para sucederlo; o la renuncia colectiva del gabinete de Ortiz Rubio, arranca así:

“A los cero treinta minutos del día de hoy nos fue entregado en la Secretaría de Gobernación un boletín, en el que se expresa que el señor Presidente de la República, ingeniero Pascual Ortiz Rubio, dio a conocer ayer, a los miembros de su gabinete, el texto de la renuncia que ha hecho de su alto cargo, y la cual será presentada al H. Congreso de la Unión durante el día de hoy, por conducto de la Secretaría de Gobernación. El texto de dicho boletín es el siguiente: “A las diecisiete horas del día de hoy se reunieron en el Castillo de Chapultepec los ciudadanos secretarios de Estado, los jefes de los Departamentos Administrativos, el Procurador General de la República y el Procurador de Justicia del Distrito y Territorios Federales, quienes fueron previamente convocados, para el efecto, por el primer magistrado de la nación. El señor ingeniero don Pascual Ortiz Rubio dio a conocer, en la reunión aludida, el texto de la renuncia que presentará al Congreso de la Unión del cargo de Presidente de la República. El Congreso de la Unión recibirá el día de mañana, por conducto de esta Secretaría de Gobernación, el pliego respectivo que suscribe el ciudadano presidente Ortiz Rubio. México, D. F., septiembre 2 de 1932. Juan José Ríos, secretario de Gobernación”.

De acuerdo con la información de ese día, la renuncia no era un secreto, ya que desde el inicio de esa semana, ese día era sábado, “venía circulando con desusada insistencia la versión de que se preparaban importantes cambios políticos en la administración pública, y se consignaba, entre ellos, la posibilidad de que abandonara el poder el ingeniero Ortiz Rubio, en acatamiento a imperiosa necesidad de atender a su quebrantada salud”.

Lo cierto es que desde el 13 de octubre de 1931, el general Lázaro Cárdenas, dos días antes de dejar de ser el secretario de Gobernación de Ortiz Rubio, escribió en sus memorias que corrían versiones entre funcionarios que aseguraban que el señor presidente Ortiz Rubio “saldría del poder”.

 

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