Sociedad abierta

ERNESTO REYES
Septiembre negro morenista
La gente busca explicaciones sobre el crecimiento, casi incontrolable, de la violencia en el istmo de Tehuantepec, región históricamente asediada por intereses que quisieran incidir en todo lo que allí sucede.
Y también acerca de la vinculación entre la delincuencia organizada y la clase política morenista -no toda, porque hay militancia buena y honesta, pero sí de las figuras centrales: las que tienen poder y decisión- con grandes cárteles, medianos y chicos incrustados no de ahora, pero sí en tiempos recientes, en oficinas donde se distribuyen dineros públicos; se contratan obras, servicios y suministros; se asignan plazas, cargos y candidaturas, además de beneficios y prebendas.
Dicha simbiosis perversa ha estado a punto de lograr sus fines, hasta que una serie de eventos sucedidos, en el septiembre negro para el establishment morenista, golpeó en el rostro al gobierno de Claudia Sheinbaum, e hizo tambalear a la administración de los hermanos Jara: Salomón y Noé, quienes siguen decidiendo el futuro de Oaxaca.
La respuesta en materia de seguridad decidida en el centro y acompañada a contrapelo por las corporaciones locales, ha parecido afectar, por el momento, al mini cártel del istmo, representación del Cártel Jalisco Nueva Generación, aunque no a sus líderes que siguen operando como el rostro civil de dicha organización nacional. Los únicos sacrificados fueron el señor Quetu y “charalitos” de poca monta, como La parca y el ex comisionado de la policía municipal. Los mencionados en el reportaje de la revista Proceso, Antonino Morales y Emilio Montero, gozan de cabal salud judicial.
Ante los proyectos de Estado como el corredor interoceánico, parques industriales de alta gama y la súper carretera Mitla- Tehuantepec, la delincuencia organizada ha ocupado importantes estancos de poderes municipales y mete baza en las decisiones del partido que, maltrecho por la desilusión y desencanto popular, se apresta a refrendar triunfos en junio próximo.
La 4T había perdido respaldo durante la revocación de mandato del cuestionado gobernador morenista. Ahora, cuando está en curso el proceso de precandidaturas a los 10 distritos federales, no hay duda de que saldrán electos como coordinadores los mismos rostros identificados con la corriente y grupo que en 2022 se hizo del poder estatal.
Sin que el gobierno federal ponga la lupa en la tierra de Benito Juárez, morena buscará retener la mayoría de los escaños en las cámaras federal, local y los ayuntamientos. Aunque disguste a muchos, el único grupo que garantiza sin sobresaltos la operación electoral es el de Salomón Jara y piezas en el partido, a través de las mismas organizaciones que con dinero sucio mueven electores e imponen autoridades. Nadie, ni Susana Harp o Luisa Cortés, aspirantes mujeres a sucederlo, cuentan con estructura territorial que pueda desplazar a la casta serrana.
El lamentable asesinato de popular comerciante vendedor de elotes y esposa, aparentemente por la misma maña que ha sentado sus reales en la capital del estado, tristemente nos otorga la razón. De poco va a servir que ahora ordenen a la policía estatal cuidar también de los municipios si la mala entraña de sus jefes está dominada por dichas ambiciones.
Hasta ahora los que se dicen de izquierda, pero están tocados por la corrupción, el nepotismo y la deshonestidad, se engañan con que la primavera llegó para quedarse. Se sienten invencibles porque desprecian la inteligencia de la gente y aprovechan que a casi toda la oposición partidista la compraron. Pero la narrativa instalada en redes sociales y medios periodísticos comprometidos les sigue la pista, hasta que la realidad los alcance. O aparezcan personas dignas que clamen: Oaxaca no aguanta más. Ojalá que las lunas de octubre hagan olvidar pronto la oscuridad septembrina.

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