Murió Ratko Mladić, el ‘carnicero de Bosnia’, condenado por genocidio y crímenes de guerra
El fallecimiento del exgeneral reavivó visiones contrapuestas entre sectores nacionalistas y organizaciones de víctimas.

MILENIO
El Mecanismo Residual Internacional para los Tribunales Penales (IRMCT, por sus siglas en inglés), que asumió las labores pendientes de la Corte para la antigua Yugoslavia, confirmó el deceso y notificó la apertura de una indagatoria para esclarecer las causas del muerte.
¿Quién fue Ratko Mladić y qué hizo?
Mladic llevaba detenido desde 2011 y murió mientras esperaba que se designara el país donde debía cumplir el resto de su condena a cadena perpetua.
Su nombre quedará especialmente ligado a Srebrenica, donde en julio de 1995 las fuerzas serbobosnias bajo su mando tomaron el enclave protegido por Naciones Unidas y después fueron asesinados casi 8 mil 400 hombres y niños musulmanes bosnios, en la mayor matanza ocurrida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Durante la guerra de Bosnia (1992-1995), Mladic fue comandante del Ejército de la República Srpska y colaboró con el líder político serbobosnio Radovan Karadzic.
Ambos impulsaron la creación en 1992 de la República Srpska en el contexto de la desintegración de Yugoslavia y del proyecto nacionalista de controlar el mayor territorio posible de Bosnia-Herzegovina.
La guerra estuvo marcada por campañas de limpieza étnica, expulsiones, asesinatos, torturas, violaciones, campos de detención y la creación de fosas comunes.
Además de Srebrenica, Mladic también estuvo al frente de las fuerzas serbobosnias durante el asedio de Sarajevo, que se prolongó más de tres años y dejó cerca de 14 mil muertos, mientras la ciudad era atacada desde las montañas con artillería y francotiradores.
Tras la guerra de Bosnia, Mladic consiguió permanecer prófugo durante años gracias a la protección y apoyo en Serbia, donde muchos sectores lo consideran un héroe. Finalmente, fue detenido en 2011 en el norte del país, y trasladado a La Haya.
En 2017, el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia lo condenó a cadena perpetua. | Foto: AFPProblemas de salud condicionaron juicio de Mladic
El juicio comenzó en 2012 y estuvo condicionado por sus problemas médicos. Mladic sufrió, entre otras dolencias, hemorragias cerebrales que llegaron a impedir su presencia ante los jueces.
Durante el proceso negó el genocidio de Srebrenica y sostuvo que había servido al pueblo serbio, pero en 2017 fue condenado a cadena perpetua.
Los problemas de salud también marcaron sus últimos años de vida y su defensa solicitó en varias ocasiones su puesta en libertad por razones humanitarias.
Un informe médico de Naciones Unidas de abril lo describió como “muy débil y vulnerable” y advirtió que se estaba “aproximando al final de la vida”; dos semanas después, el servicio médico señaló su falta de energía.
Su defensa pidió que pudiera regresar a Serbia para recibir cuidados paliativos y pasar sus últimos días acompañado de su familia, pero el IRMCT rechazó la solicitud el 14 de mayo.
“El estado de Mladic, aunque es muy grave, continúa deteriorándose y se aproxima a la muerte, se debe principalmente a una enfermedad crónica y multifacética, que se distingue de una enfermedad terminal aguda de progresión más rápida”, señaló la decisión del tribunal.
El IRMCT consideró que preservar “su dignidad y sus derechos fundamentales”, incluida la posibilidad de estar rodeado de familiares y amigos, no requería su puesta en libertad, y el hospital penitenciario neerlandés podía ofrecerle atención médica y paliativa conforme a los estándares internacionales, con un amplio régimen de visitas.
Polarización sobre su muerte
Tras conocerse su muerte, la defensa aseguró en una reacción remitida a EFE que lamentaba la negativa de las autoridades judiciales a permitir el regreso de Mladic a Serbia, subrayando la ausencia de intención de cuestionar su condena, sino de conseguir el paso de sus últimos días junto a sus familiares para “un hombre de edad avanzada y gravemente enfermo”.
La muerte de Mladic provocó reacciones contrapuestas en Bosnia-Herzegovina, con seguidores llamando a homenajearlo, y representantes de las víctimas apuntando a que, detrás de su nombre, “quedan miles de personas asesinadas, expulsadas, encarceladas y torturadas, ciudades y pueblos destruidos”.
Así fue como Mladic murió más de tres décadas después de Srebrenica y sin haber mostrado públicamente arrepentimiento por los crímenes por los que fue condenado, convertido en una figura reivindicada como héroe por sectores nacionalistas serbios y, para las víctimas de la guerra, en uno de los principales símbolos de las atrocidades cometidas durante la desintegración de Yugoslavia.
