Diputados aprueban abrir juicio político contra Rousseff
La oposición en la Camára de Diputados de Brasil celebra la aprobación del proceso de juicio político contra Dilma Rousseff.
Los diputados brasileños votaron ayer mayoritariamente por abrir un juicio político o impeachment a la presidenta Dilma Rousseff, heredera de Lula da Silva, y dejaron al borde del precipicio a la experiencia más emblemática del ciclo de gobiernos de izquierda en América Latina.
“Los golpistas vencieron aquí en la Cámara”, pero “esta derrota provisoria no significa que terminó la guerra”, dijo a periodistas el líder de la bancada oficialista en la Cámara baja, José Guimaraes, cuando por la noche los partidarios de la impugnación llevaban una ventaja de más de 200 votos.
Los partidiarios del proceso contra la mandataria del Partido de los Trabajadores (PT) reunieron los 342 votos mínimos necesarios sobre un total de 513 legisladores para que la acción avance en el Senado. En total, a favor votaron 367 diputados y 137 en contra, con siete abstenciones y dos votos nulos.
En una tensa sesión que comenzó con gritos de “¡Fuera PT!” por un lado y “No habrá golpe” por parte del oficialismo, que califica de golpe institucional el juicio a la presidenta, los defensores del impeachment alcanzaron los votos necesarios cuando aún no habían emitido su voto 36 legisladores.
El Senado debe ahora crear una comisión especial que en 10 días como máximo emita un fallo sobre la recomendación de los diputados. Dicho fallo será votado en el plenario del Senado, donde bastan 41 votos, sobre un total de 81 legisladores, para que se abra definitivamente el juicio.
De ser el caso, a partir de ese momento, la presidenta será alejada del cargo y asumiría en forma interina el vicepresidente, Michel Temer, aunque él también está objetado por la justicia.
De celebrarse, el juicio a Rousseff tendrá un plazo máximo de 180 días. En la votación final, que será presidida por el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lewandowski, se necesitan 54 votos, que equivalen a dos tercios del Senado, para que la presidenta sea condenada. Si por el contrario no se llega a esos votos, Rousseff será absuelta y reanudará en forma inmediata sus funciones que deben concluir en 2018.
Rousseff es acusada por el presidente de la Cámara baja, Eduardo Cunha, de supuestamente manipular en 2014 las cuentas públicas para favorecer su reelección. Ella niega los cargos y los atribuye a una conspiración orquestada por Cunha, acusado a su vez de corrupción por el escándalo de Petrobras.
El voto contra Rousseff, que se da a menos de cuatro meses de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, puede mostrar la puerta de salida al lulismo, del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010), figura emblemática del ciclo de gobiernos de izquierda en la región.
Previo a la votación de ayer, tanto Temer como Rousseff propusieron un “pacto” nacional para apaciguar al país y sacarlo de la recesión, pero el camino se anuncia espinoso.
El propio Temer, a quien Rousseff acusó en días pasados de “traición” por anticipar en un mensaje filtrado al Congreso la salida de la mandataria, es investigado por la justicia en el mismo caso de acusación contra Rousseff, por lo que él mismo puede verse invalidado para asumir la presidencia, lo que obligaría a nuevas elecciones.
“Independientemente del resultado de hoy (ayer), la crisis va a continuar, e incluso se agravará, porque el lado perdedor va a utilizar todos los instrumentos para boicotear a los ganadores. En cualquier caso, Brasil amanecerá peor mañana”, opinó el analista político André César.
Los mercados han apostado claramente por la salida de Rousseff, en tanto que los sectores sociales que se beneficiaron de las políticas de distribución de los años Lula temen una reversión de políticas.
“El pacto de Temer será con los movimientos más conservadores, que ya se posicionaron a su lado”, señala César.
Pero Lula, Rousseff y el PT no están dispuestos a dar el brazo a torcer tan fácilmente.

