Los Pinos, espacio de expresión para artistas con autismo

EXCELSIOR
CIUDAD DE MÉXICO.
La residencia oficial en la que 14 presidentes de México tuvieron sus hogares y oficinas ahora cuenta con un espacio dedicado a jóvenes artistas que padecen trastornos de neurodesarrollo, como el espectro autista. 27 jóvenes que asisten a Los Pinos tienen la posibilidad de desarrollarse a través de la música, las artes plásticas y la expresión corporal.
Para mí es súper importante que se les ofrezca este espacio tan lindo, con capacidad de recibir a tanta gente y con tanto significado histórico a una población que ha sido tan segregada. Habla de que damos un paso en sus derechos culturales”, dijo Bricia Navarro, maestra de artes plásticas y egresada de Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda.
El programa Armónicos, en el que estudian 27 jóvenes en el Sistema Nacional de Fomento Musical, ubicado en el ahora conocido como Complejo Cultural los Pinos, tuvo su origen después de que Leticia Colina, egresada de la Escuela de Teatro de Boloña (Italia), recorrió varias partes del mundo, revolucionando el tratamiento y desarrollo integral del autismo en México.
En España hay proyectos, a través de las artes; en Estados Unidos; en Italia han hecho todas estas experiencias. Hay muchos proyectos de esta naturaleza, pero la gente todavía se rehúsa, porque cree que las artes no son productivas”, contó Leticia Colina, coordinadora del programa Armónicos.
La primera vez que, Leticia tuvo un acercamiento con el Trastorno del Espectro Autista (TEA) fue hace 35 años, cuando su hijo fue diagnosticado; esa fue una época en la que en México era muy difícil contar con herramientas e instrumentos para acompañar a que los jóvenes con autismo lograran su autonomía y autodeterminación.
Leticia descubrió que a través del arte, los jóvenes con autismo pueden encontrar una vía para conectar con sus emociones y sus sentimientos, ampliando su capacidad comunicativa, desarrollando habilidades cognitivas, sicológicas y reconociendo su dignidad como personas.
El arte es un instrumento de desarrollo, porque tiene estructura; una relación con el universo, con el espacio, con el tiempo, con el ritmo y con el sonido”, explicó.
Los 27 artistas asisten a los Pinos de lunes a viernes de 8:30 a 13:30 horas. Sus edades oscilan entre 14 y 40 años.
Durante su jornada diaria, llevan la materia de música, apoyada con expresión corporal y artes plásticas.
A través de la música, ellos reconocen su cuerpo, sus emociones y sentimientos, su sentido comunitario; además de aprender a trabajar en equipo, escuchar al otro, respeto, turnos, armonizar y sintonizar con el otro.
Con técnicas de las artes plásticas se dan habilidades del pensamiento como elegir, distinguir, observar, seguir instrucciones, seleccionar y producir armonizando sus sensaciones.
Y con la expresión corporal sucede el reconocimiento del yo y el contacto con su lateralidad. (Lateralidad es el predominio funcional de un lado del cuerpo sobre el otro como consecuencia de la distribución de funciones en el cerebro. Mediante este proceso, los niños se definen como diestros, 90% de la población mundial, o zurdos, el 10% restante).
Lo que el arte aporta al ser humano es una integración en su sensorialidad, en sus funciones básicas de atención y cognitivas y también permite hurgar las partes del sentimiento. Trabajamos desde dónde siento el miedo, dónde siento el enojo, la felicidad”, dijo Leticia Colina.
Estos jóvenes artistas asisten al programa desde noviembre de 2019. En estos tres años sus avances han sido extraordinarios.
Hemos ido viendo mucha maduración en ellos. Se lo toman en serio, porque dicen ‘a mí también me están tomando en serio’. Hemos tenido presentaciones, exposiciones. Ellos se emocionan mucho cuando la gente viene a verlos, cuando se sienten tomados en cuenta y cuando venden al público sus creaciones artísticas (como tazas, playeras)”, argumentó Bricia Navarro, la maestra de artes plásticas.
Algunas de las presentaciones que han tenido desde 2019 son: “Todos somos diferentes”, ejercicio rítmico musical; “Estrellita” opus 1, ensamble virtual; “Caballito” de Silvestre Revueltas, opus 2, ensamble virtual.
Bricia desde que era estudiante se ofreció de voluntaria para dar clases de arte a alumnos con trastornos de neurodesarrollo. Ahí descubrió la autenticidad que existe en las creaciones de estos estudiantes.
También descubrí que el arte era una manera de ampliar sus capacidades comunicativas y que los conectaba. Tuve varias experiencias de personas con autismo muy profundo, que de pronto al crear eran otros, podían salir un poco más de sí mismos, eso me fue enganchando”, recordó Bricia.
Lo que la comunidad de Los Pinos ha ido aprendiendo, a través de la convivencia con estos jóvenes artistas, es sobre los prejuicios que la sociedad aún tiene. Los policías, por ejemplo, ahora saludan afectuosamente a los alumnos y conversan con ellos, cuando en un principio había cierta distancia.
Mauricio, artista con TEA y alumno de Armónicos, en la actualidad trabaja en un autorretrato para plasmar la visión que tiene sobre sí mismo y el mundo. La alegría la siente en el corazón, el miedo en los brazos, el enojo en el torso, la tristeza en los ojos y la felicidad en la cabeza.
En mayúsculas expresó: “YO SÉ QUE ES MALO QUE LA GENTE SE PONGA A VENDER ANIMALES VIVOS; ME CAUSA ALEGRÍA ESTAR CON LA GENTE BUENA; ME CAUSA ENOJO TENER AUSENCIAS; ME CAUSA TRISTEZA CUANDO VOY SOLO A LOS PARQUES”.
Entendamos que (abrir un espacio para ellos) no se trata de darles chance, se trata de que pueden aportar muchísimo a la sociedad. Deberíamos de llegar al punto de dejar de hablar de discapacidad y referirnos a la neurodiversidad. Darnos la oportunidad de ver todos los puntos de vista, para enriquecernos como sociedad”, concluyó Bricia.
