La era digital
Mucha gente cree que una revolución siempre es violenta y la verdad es que no siempre es así. Hay gente no se ha dado cuenta que todos los días vivimos dentro de una revolución. Me refiero a la llegada de la ola digital.
Cuando yo era niño me sorprendía mucho ver las películas del Santo, el enmascarado de Plata. Se me hacía imposible que este personaje se pudiera comunicar a través de un reloj de pulsera, o pudiera localizar al enemigo con un radar, o escuchar conversaciones a muchos metros de distancia. Eso era realmente sorprendente, aunque imposible.
Lo más asombroso que yo conocía en ese entonces, eran los relojes que sus numerales brillaban en la oscuridad; y lo más sofisticado, eran los relojes eternamatic, a los que nunca se les daba cuerda ni usaban pilas ni carga solar. Eso sí era realmente impresionante. No existían relojes digitales ni nadie se imaginaba que un día se iban a usar como ponerse calcetines.
Las sumadoras que existían eran mecánicas. Para que éstas dieran el total, se jalaba una palanca y el resultado se imprimía en un papel de rollo.
Entendíamos que si la Tierra daba una vuelta al Sol cada 24 horas, la manecilla corta de nuestros relojes también daba una vuelta —o dos de 12 horas— a la carátula para significar que se había cumplido un día. La manecilla larga, de igual manera, recorría este espacio —que representaba lo temporal— para indicar el paso de los minutos de cada hora, y el segundero hacía lo propio.
Cuando uno se pesaba en una báscula, de un lado se ponían pesas, y del otro, el objeto a ser pesado. Se sabía el peso al sumar el valor de las pesas que lograban levantar lo pesado al mismo nivel, en equilibrio.
Hoy en día, casi todo, es digital. Hay relojes que dicen la hora con números y no manecillas (muchos relojes de antaño ni a números llegaban). El cine tradicional usa película, que es celuloide donde pueden verse imágenes. Pero se dice que está en vías de extinción porque ahora puede hacerse cine digital que no usa rollo ni se revela ni nada, pues emplea las mismas series de 0 y 1 que uso ahora mismo para escribir en mi computadora. Tanto sonidos como imágenes —cualquier información— pueden ser reproducidos binariamente, es decir en lenguaje digital, el de las computadoras.
Claro que prefiero un CD que un disco de vinilo porque no se dañan tan fácilmente y su sonido es prácticamente puro, sin ese molesto scratch.
La ventaja de la digitalización no radica en el sonido que sale de sus bocinitas, sino en las posibilidades prácticamente infinitas que ofrece en combinación con una computadora y unos buenos programas de procesamiento musical.
Hace días saqué del cajón una grabadora portátil de casetes a la que le puse un par de pilas y la dejé correr. Al rato, mi hijo, el más chico de los tres me dijo con admiración: “¡Mira, papá! ¡Con esta ruedita se sube y se baja el sonido de la grabadora!”. A sus 9 años de edad nunca había visto una grabadora así. El antiguo mecanismo le parecía fascinante y totalmente novedoso.
Sabes qué, le dije a mi hijo, un día te voy a presentar a mi amigo el reportero Rigoberto López Alcántara, quien aún usa varios aparatos de audio del año de la canica, quien seguramente puede darte una vuelta por el siglo pasado.
La verdad es que a todos, yo creo, que nos atrae mucho más las infinitas posibilidades de lo digital. Por lo pronto, espero tener en esta semana recuperada mi señal de internet.
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