Cielos de EU, turbulentos con Trump: suman 136 muertos en 20 accidentes aéreos fatales
Equipos de aeronavegación y localización obsoletos, falta de personal mecánico capacitado y sobrecargas de trabajo de controladores aéreos han debilitado la seguridad del transporte aéreo, según análisis y expertos.

MILENIO
El percance entre un avión de pasajeros de la aerolínea Air Canada con un camión de bomberos en el aeropuerto de La Guardia, en Nueva York, que le costó la vida al piloto y copiloto de la aeronave, es el último caso de una veintena de accidentes aéreos ocurridos desde el arranque de la segunda administración del presidente Donald Trump, que han dejado ya un saldo total de 136 muertos.
Aunque las razones de este y otros percances siguen bajo investigación, todos ellos han ocurrido en un contexto en el que expertos y funcionarios del sector aéreo han advertido problemas de fondo en el sector, que van desde protocolos y medidas de seguridad que requieren revisión urgente, hasta la escasez o, en su caso, sobrecarga de trabajo de personal especializado como los controladores aéreos.
La administración del presidente Donald Trump ha trasladado en más de una ocasión la responsabilidad de estas deficiencias al trabajo que, supuestamente, se dejó de hacer en periodos previos. La titular de la agencia de Seguridad Aérea exigió al Congreso, apenas hace un mes, aprobar una legislación más fuerte para prevenir riesgos de colisiones.
Incidentes aéreos desde el inicio de la administración
De los 20 percances ocurridos en lo que va de la actual administración federal, el primero de ellos ha sido, además, el más letal de las últimas dos décadas en los Estados Unidos.
Ocurrió el 29 de enero luego de que una aeronave de la aerolínea regional American Eagle 5342 (un CRJ700) colisionó en pleno vuelo con un helicóptero Black Hawk del Ejército sobre el río Potomac, en Washington D.C. El saldo fue de 67 personas fallecidas y ninguna sobreviviente.
Cuarenta y ocho horas después, un Learjet 55 de la empresa Med Jets se estrelló en un vecindario residencial de Filadelfia, dejando 8 muertos y decenas de heridos en tierra. En febrero de 2025, en Alaska, un Cessna 208B de Bering Air desapareció en las gélidas aguas de Norton Sound con 10 personas a bordo.
El 10 de abril tuvo lugar otro de los percances más mediáticos cuando un helicóptero turístico se desplomó en pleno vuelo sobre el Río Hudson en la isla de Manhattan, Nueva York. El saldo final fue de seis muertos, entre ellos el piloto de la aeronave y los cinco turistas, todos ellos integrantes de una familia de origen español.
Nueve percances continuaron en los siguientes meses con saldos de una a seis personas hasta que el 4 de noviembre de 2025, la industria de carga sufrió su propio golpe cuando el vuelo 2976 de UPS Airlines, un McDonnell Douglas MD-11F, se estrelló al despegar de Louisville, Kentucky. El accidente resultó en 14 víctimas mortales y 15 heridos.
Ya en este año, el 26 de enero, una aeronave privada se estrelló cuando intentaba despegar desde el Aeropuerto de Internacional de Bangor, en Maine, en un momento de baja visibilidad. La aeronave terminó estrellándose y las seis personas a bordo fallecieron.
A estos casos se suma el ocurrido cerca de la medianoche del 22 de marzo cuando la aeronave de Air Canada se impactó segundos después de aterrizar y aún en maniobra de desaceleración con un camión de bomberos en la terminal aérea de La Guardia, Nueva York. El piloto y copiloto de la aeronave murieron, y 13 personas más resultaron heridas.
Más allá de los accidentes que ocupan los titulares, los datos muestran un patrón de incursiones no autorizadas e incidentes en pistas de aterrizaje en ascenso. Tan solo en 2024 se registraron mil 757 incursiones en pista, un 25 por ciento más que una década atrás.
¿Vuelos inseguros?
Desde las primeras semanas de la administración Trump, con la ocurrencia de accidentes fatales con un alto número de personas fallecidas, ha resurgido las inquietudes y opiniones sobre la seguridad en la que miles de vuelos operan diariamente en territorio de los Estados Unidos.
Tras el percance de Washington que dejó 67 personas muertas, la presidenta de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB por sus siglas en ingles), Jennifer Homendy, dejó en claro que ese y otros percances eran cien por ciento previsibles, pero que la falta de modernización en los sistemas de alerta de proximidad y la saturación de los controladores aéreos crearon la “tormenta perfecta”.
A partir de ese y otros incidentes, el Congreso de los Estados Unidos ha estado trabajando una serie de reformas para contar con una nueva Ley de Seguridad de Aviación.
Sin embargo, apenas a finales de febrero Homendy fue muy crítica respecto a los borradores de la nueva norma, pues sostuvo que no se ha implementado adecuadamente las recomendaciones de la NTSB como, por ejemplo, la instalación de dispositivos de ultima generación de posicionamiento para todo tipo de aeronaves.
En el caso específico de los controladores aéreos, el tema ha estado a debate desde que la administración del presidente Donald Trump anunció modificaciones en las políticas de contratación argumentando que, supuestamente, la necesidad de contratar a personas de origen diverso había provocado que no llegaran las personas más aptas al cargo.
De lo anterior no se han mostrado pruebas, pero lo que sí se ha documentado con claridad es un problema serio en la disponibilidad de controladores aéreos.
Instalaciones de control operados por poco personal
Datos oficiales de la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) reportados a finales de 2025 muestran 91 por ciento de las instalaciones de control de tráfico aéreo de Estados Unidos operan por debajo de los niveles de personal recomendados. De hecho, hoy 16 por ciento menos controladores trabajando diariamente que en 2011, pese a que el tráfico aéreo ha crecido en un diez por ciento.
La Asociación Nacional de Controladores de Tráfico Aéreo (NATCA por sus siglas en ingles) indicó que, durante el prolongado cierre de gobierno de 2025 debido a la falta de un presupuesto aprobado, los controladores fueron obligados a seguir trabajando sin sueldo, situación que líderes sindicales calificaron como usar a profesionales críticos como “peones” políticos, advirtiendo que la presión financiera y emocional se traduce inevitablemente en más riesgo en cabinas y torres.
En entrevistas posteriores y en condición de anonimato, controladores describieron jornadas extenuantes, dificultades para tomar descansos y una moral en caída, y subrayaron que los planes oficiales centrados en nueva tecnología “no arreglan” estos problemas básicos que afectan directamente la seguridad diaria.
En diversas ocasiones la NATCA advertido en repetidas ocasiones que la falta crónica de personal, las jornadas extendidas y el estrés financiero y laboral presión directa sobre la seguridad operacional, subrayando que más de 13 mil controladores trabajan con plantillas por debajo del objetivo y horas extra obligatoria.
Mecánicos certificados están por jubilarse
Y ese no es el único factor de preocupación. Un reporte de AviatorDB, una plataforma de datos de aviación independiente muestra que actualmente el 27 por ciento de los mecánicos certificados por la FAA tienen más de 64 años. Se prevé que el 80 por ciento de la fuerza laboral actual se jubile en los próximos cinco años.
El sistema de capacitación solo produce el 69 por ciento de los reemplazos necesarios, con un estimado de 40 mil puestos vacantes para 2028.
Mientras tanto, las aerolíneas subcontrataron el 71 por ciento del mantenimiento mayor a contratistas extranjeros, instalaciones donde los inspectores de la FAA encontraron manuales obsoletos, auditorías fallidas y piezas desechadas mezcladas con inventario utilizable.
“La cuestión no es que volar sea peligroso —los datos confirman que es la forma de transporte más segura—, sino que cada capa del sistema diseñada para que siga siéndolo está perdiendo a las personas con experiencia”, declaró Jim Kerr, Presidente de AviatorDB.
