Celebran miles de peregrinos a la Virgen de Juquila en Oaxaca

virgen de juquila* El pueblo de Oaxaca olvida el conflicto y le pide a la virgen que haya paz

Oaxaca, 8 Dic (Notimex).- Pese al conflicto político social que vive la entidad, este día miles de oaxaqueños se olvidaron de los problemas y se dedicaron a conmemorar un aniversario más de la Virgen de Juquila.

Por ser considerada por los devotos católicos como muy milagrosa, es la imagen más visitada del estado, donde acuden peregrinos de Veracruz, Chiapas, Tabasco, Guerrero, e incluso el estado de México y la capital del país.

En camiones de pasajeros, de carga, camionetas, carros, en bicicletas, a pie, corriendo en grupos y más recientemente en motonetas, cada año decenas de miles de feligreses se vuelcan sobre las carreteras para llegar al santuario de la virgen, en Santa Catarina Juquila.

Ubicado en el municipio del mismo nombre, a 249 kilómetros al sur de la capital del estado, en la región de la costa, el templo de la Virgen de Juquila fue construido entre los siglos XVIII y XIX.

Desde una semana antes del 8 de diciembre, cuando se celebra a la virgen, el templo y las calles del lugar, se visten de luces de colores, papeles lilas, rojos y amarillos, para recibir a los peregrinos.

Un kilómetro antes de llegar a la población de indígenas chatinos, los fieles deben hacer un alto en el lugar conocido como “El Pedimento”, el cual consiste en una cruz y una imagen de la Virgen de Juquila, y a las que los fieles acuden para pedirle un milagro o hacer una promesa.

A cambio debe llevar una representación, normalmente elaborada con barro, de lo que desean pedirle a la virgen, además de la limosna. Según cifras dadas a conocer por las autoridades de Santa Catarina, anualmente los ingresos que se perciben en El Pedimento son millonarios.

De hecho, en la actualidad hay una disputa entre las autoridades municipales del lugar y la Iglesia católica, para ver cuál de los dos se encargará los recursos económicos que dejan a lo largo del año los fieles que visitan a la virgen.

La celebración de la Virgen de Juquila, se remonta al siglo XVII, cuando el fraile Jordán de Santa Catarina le regaló la imagen de la virgen a un indígena del pueblo de Amialtepec, ubicado cerca de Santa Catarina.

Fue en esa época cuando se registró un incendio en Amialtepec y que consumió el templo donde se encontraba la imagen, pero cuando los indígenas notaron que todo se había reducido a cenizas, menos la virgen, comenzó la devoción por ella.

No fue sino hasta 1719 cuando la imagen, que originalmente representaba a la Virgen de la Concepción, de aproximadamente 30 centímetros de altura, fue llevada a Santa Catarina Juquila, donde la población la adoptó y la nombró Virgen de Juquila.

Este año, en medio del conflicto que este 8 de diciembre cumple 201 días de comenzado, los fieles católicos se olvidaron de los problemas y se entregaron a celebrar a la imagen en todo el estado, donde hay templos y cofradías en honor de la Virgen de Juquila.

Por primera vez en más de seis meses y medio, los habitantes de la capital del estado no sintieron miedo cuando los tronidos de cohetones rompieron la noche. Esta vez no se trataba de avisos en las barricadas que anunciaban presagios, sino la celebración religiosa.

A los cohetones, no siguieron gritos de alarma ni balazos, ni sonar de carros a toda velocidad, en cambio se oían las notas musicales que emanaban de las bandas de música, y a las oraciones de los difuntos.

En la iglesia de San Jacinto, ubicado a no más de 20 minutos del Centro Histórico, acudieron miles de fieles a rendirle tributo desde temprana hora a “la virgencita”, como le llaman sus seguidores.

Al templo de San Jacinto acuden los peregrinos y fieles que por alguna razón no pudieron recorrer los más de 200 kilómetros que hay de distancia entre la capital del estado y Santa Catarina, a rendirle tributo, y darle las gracias por los favores recibidos, pero la devoción es la misma.

Este año, junto con las promesas de dejar de tomar, de cambiar con los hijos, de ya no hacer enojar a la mamá, de no ser infiel con el marido y la esposa, a la par de los pedimentos y de las gracias por el trabajo encontrado, por la riqueza acumulada, los files sumaron otro.

“Que haya paz en Oaxaca, virgencita, ya no queremos más muertos, que los malos paguen sus pecados”, pide y llora una mujer de edad avanzada en la entrada del templo de San Jacinto. La artritis ya no le permite ponerse de rodillas, pero sus peticiones y sus lágrimas reflejan su fe.

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