Gilberto Mora, el niño héroe que volvió a ilusionar al futbol mexicano
Con apenas 17 años, Gilberto Mora rompió récords mundialistas. Esta es la historia del adolescente que se convierte en el rostro de una generación que sueña con cambiar el destino de la Selección.

DOMINGA.– En el sur de México, los entrenadores de futbol amateur aseguran que no hay mejor semillero de talento que las canchas llaneras de Chiapas. En verano, las lluvias se convierten en diluvios que en unas horas arruinan cualquier campo de pasto y tierra convirtiéndolo en un terreno de lodo y hoyos, cuya reparación es impagable para el presupuesto del estado más pobre del país, así que los jugadores deben aprender con paciencia a mover el balón entre el fango hasta que se seque el desastre.
En esas condiciones el balón se mueve con dificultad. El barro frena cualquier avance hacia al frente, así que los mediocampistas de las canchas pantanosas aprenden a deslizarse hacia todas las direcciones con explosividad, una agilidad excepcional con el tronco superior y una fuerza bruta en las piernas que reta a la gravedad. Es más difícil que gambetear en arena; peor que intentar un gol en medio de una nevada.
Todos resaltan su talento nato y su marca histórica: con diecisiete años y 259 días, Morita se convirtió en el segundo jugador más joven en la historia en iniciar un partido de eliminación directa en un Mundial, sólo detrás de Pelé que tenía diecisiete años y 239 días cuando fue titular con Brasil en Suecia 1958.
“Si destacas en un campo enlodado chiapaneco, estás listo para brillar en cualquier estadio europeo”, me dijo Miguel Vega, entrenador de las filiales infantiles de Jaguares Chiapas y quien vio jugar a Gilbertito en una cancha que solía amanecer con agua estancada, llamada Salvador Cabañas, en honor al mítico jugador paraguayo. “Y él jugaba como si levitara”.
Lo que faltó a esos halagos fueron las explicaciones sobre el origen de su potencia de arranque, su velocidad para driblar y la fuerza de sus pases precisos. Son habilidades que afinó en uno de los lugares más escondidos de los visores del futbol internacional: Morita se moldeó a sí mismo desde los cuatro años en las canchas de fango de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, donde el niño héroe mexicano nació en 2008.
Gilberto Mora Zambrano nació el 14 de octubre del 2008 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas | AP Photo/Natacha PisarenkoUn niño genio al que llamaban ‘El Bombero’
Horas después de que México ganara a Ecuador –y rompiera una maldición que duró 40 años que dictaba perder en el primer partido de eliminación directa de un Mundial– se hizo viral un video cuyo origen aún es desconocido: un hombre graba a dos adolescentes que viajan en el asiento de su auto. Uno parece medir dos metros, pero su cara de puberto delata su edad; el otro es más pequeño, encorvado, quien responde las preguntas de a dónde va y para qué viaja. “A Ciudad de México… a la Selección”, responde en voz baja pero sin titubeos. Ese niño es Gilberto Mora con catorce años, vistiendo la playera del equipo Xolos de Tijuana, propiedad del polémico empresario Jorge Hank Rhon.
Gilberto Mora empezó en unas canchas de lodo frente al Estadio Víctor Manuel Reyna en su natal Tuxtla Gutiérrez. Nació ahí porque a su padre, el también futbolista Gilberto Mora Olayo, lo había fichado el equipo local Jaguares de Chiapas . Gracias a un gol de último minuto en el Torneo Clausura de 2003, el padre salvó a su escuadra del descenso de la liga profesional, lo que le valió un largo contrato.
Durante su estancia en Chiapas, Gilberto Mora despuntó como un niño genio. Parecía flotar sobre los pozos y deslizarse en el fango bajo la dirección de su padre, recuerda Miguel Vega. Tan hábil que no tenía competencia cuando jugaba con los de su edad, así que los demás entrenadores lo empezaron a mover hacia las ligas de los chicos de primaria y hasta secundaria. Ahí sólo brilló más: pequeño en estatura pero grande en explosividad, podía dejar en el suelo a quienes le duplicaban la edad. El Bombero, le llamaban –de acuerdo con The Happening– por su pericia para apagar el incendio de un partido perdido y convertirlo en tres puntos en la tabla.
Pero el niño genio no se consolidó en el sur. El estrellato lo aguardaba en el norte. En 2015, Gilberto Mora padre fue contratado por el Club Xolos como entrenador del equipo Sub-17 y se llevó a su hijo. Muy pronto quedaría claro que no había nepotismo en la decisión: Morita –para diferenciar al veterano del novato– metía goles en penales, tiros de esquina, disparos fuera del área y hasta de cabeza, aún con su baja estatura. Y cada vez que lo hacía festejaba con una pirueta que le copió al ídolo Hugo Sánchez. A la mayoría le quedó claro que no era un simple festejo, sino una declaración del destino.
Su ascenso fue meteórico. No había otro como él en la cancha. Rápido, concentrado, vigoroso. Gilberto Mora jugó con la Selección Nacional en las divisiones Sub-15, Sub-16 y Sub-17, de la cual fue capitán con sólo quince años. Mientras sus amigos cargaban con libros de álgebra en la mochila, él se echaba a la espalda a una escuadra que representaba en competencias internacionales a más de 130 millones de mexicanos. En agosto de 2024 debutó en la Primera División con Juan Carlos Osorio como director técnico, quien años después lo compararía con la superestrella española Andrés Iniesta. “Es un talento natural”, remató. Y un año más tarde, en 2025, jugó por primera vez con la Selección Nacional mayor. Tenía dieciséis años, nueve meses y catorce días cuando hizo añicos el récord juvenil del Kaiser Rafael Márquez.
Desde entonces, Morita sonaba para la Copa del Mundo 2026. Los más optimistas anunciaban su inclusión en la lista definitiva del estratega El Vasco Aguirre, pero siempre en la banca; otros, descartaban su participación en el Estadio Azteca por su juventud. Tendría diecisiete años, repetían sus detractores, ¡no tiene la experiencia para medirse en un Mundial! Y ellos, los negativos, casi ganan la apuesta, porque un día el niño genio amaneció con un dolor agudo en la ingle derecha.
Bajo el número 19, ‘Morita’ juega como centrocampista del Club Tjuana | EspecialEl obstáculo de la hernia del deportista
En el circuito futbolero le dicen “hernia del deportista”, pero los médicos del deporte le llaman pubalgia. Una inflamación en los nervios y músculos usualmente en la ingle, el abdomen y los muslos que se manifiesta como punzadas que pueden ser incapacitantes y, si no se atienden, se convierten en un dolor crónico que obliga a la temprana jubilación. Es una dolencia común en los futbolistas por un exceso de trabajo físico. Una maldición para quienes buscan ser fichados por un club o enlistados en la selección de su país, entrenan tanto que llevan al máximo a su cuerpo y arruinan sus sueños.
Entonces su equipo envió a Gilberto Mora a una clínica especializada en Santa Mónica, California, donde se habían operado los seleccionados Raúl Jiménez y César Chino Huerta de la misma dolencia. Ahí, le presentaron dos opciones terribles: cirugía o reposo absoluto sin promesa de tiempo de recuperación. La primera opción garantizaba su recuperación exitosa, pero se perdería del Mundial, en caso de ser convocado; la segunda abría la posibilidad a una rehabilitación satisfactoria pero sin resolver el problema de fondo. La familia eligió la segunda.
El tiempo le dio la razón a Morita y su familia: el reposo absoluto, más trabajo de fisioterapia, alistaron su cuerpo. El niño genio estaba de vuelta. Y el 31 de mayo hizo historia: El Vasco Aguirre hizo pública la lista de convocados a la Selección Nacional y el primer mediocampista nombrado era Gilberto Mora Zambrano, con edad suficiente para ser atendido por un pediatra, pero llamado a responder como los grandes por la historia deportiva de México.
El resto es historia conocida: Morita se metió a las crónicas deportivas el 11 de junio de 2026, enfrentando a Sudáfrica en el partido inaugural de la Copa del Mundo. El joven de diecisiete años entró al campo del Estadio Azteca al minuto 66, convirtiéndose en el jugador mexicano más joven en disputar un Mundial. Desequilibrante e impredecible, para millones fue como ver el nacimiento de una estrella que promete estar a la altura de los mejores del mundo.
Luego, se quedó en la banca contra Corea del Sur y saltó al césped contra Chequia jugando 72 minutos de ensueño provocando el segundo gol de México. Pero su graduación llegaría contra Ecuador: alineó como titular y fue un factor decisivo en el avance de México en la ronda de eliminaciones. “Tiene 17 años pero jugó los dieciseisavos como si ya tuviera un par de Mundiales encima”, escribió la FIFA. La cadena internacional ESPN lo llamó “deslumbrante”. En redes sociales, los halagos parecen infinitos: crac, genio, ídolo, extraordinario, fuera de serie.
Gilberto Mora fue pieza clave en el partido de México contra Ecuador de las eliminaciones directas | AP Photo/Eduardo VerdugoAlgunos incluso ven en su timidez y torpeza para las entrevistas, pero destreza en las canchas, a un símil de Leonel Messi, quien prefiere callar para dejar sus piernas hablen por él. Otros lo comparan con otro jovencito del Mundial, el español de dieciocho años Lamine Yamal, a quien el chiapaneco le ha robado reflectores. Y hay quienes lo ven como la promesa del futbol mexicano, justo como alguna vez lo fue Kylian Mbappé para Francia.
No tiene edad para entrar a un antro, pero ya hizo bailar de alegría a la presidenta de México. No puede votar, pero superaría en popularidad a muchos gobernadores. No puede trabajar en un oficio que lo obligue a estar detrás de un volante, pero conduce las esperanza de millones de mexicanos. Tal vez, por eso, es que cuando se habla de Morita ya no se habla del niño genio, sino de algo más
