*.- Revocación de mandato.

Visión Política.

Por Fernando Cruz López.

 

El gobernador de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, ha puesto sobre la mesa la idea de someterse a un proceso de revocación de mandato a principios del próximo año. Lo que indica su disposición a someterse al escrutinio popular, es un gesto de transparencia y confianza hacia el pueblo que lo eligió; con ello lanza un mensaje político de que su gobierno no teme a las urnas. Tomar esa decisión debió darse después de analizar las consecuencias de un movimiento como este.

 

Para empezar, hay que recalcar que el gobernador  Jara Cruz, fue electo democráticamente por la mayoría de los oaxaqueños para un periodo completo, con todas las implicaciones legales y políticas que ello conlleva. En ese sentido, el mandato recibido en las urnas es claro: gobernar seis años. La revocación de mandato existe como un mecanismo extraordinario para cuando la sociedad pierde confianza en un gobernante y necesita un cauce institucional para expresarlo. Pero ¿tiene sentido abrir esa puerta cuando la legitimidad de origen ya está clara y vigente?

 

Someterse a una elección a mitad del sexenio supone destinar recursos económicos, energías políticas y tiempo institucional a un plebiscito cuyo desenlace ya parece previsible. Si el gobernador confía en que el respaldo popular se mantiene gracias a lo realizado por su administración en los primeros tres años, bastaría con seguir consolidando su proyecto y esperar la evaluación natural: la historia y las urnas en el 2028.

 

Queda claro que la iniciativa refleja una enorme confianza en el trabajo de estos primeros años de gobierno. Pero también implica un riesgo político innecesario: exponer al desgaste, abrir espacio a campañas de desinformación y, en el peor de los escenarios, generar dudas sobre la estabilidad del propio mandato. En un estado que durante décadas cargó con el estigma de la ingobernabilidad, lo menos conveniente es crear escenarios artificiales de incertidumbre.

 

El gobernador  Salomón Jara Cruz, tiene aún tres años para consolidar su legado. Lo que Oaxaca necesita no es una revocación de mandato, sino la certeza de que el gobierno seguirá enfocado en dar resultados, en construir paz social y en sentar las bases de un desarrollo duradero. Al final, la mejor “revocación” o “ratificación” se dará con hechos, no con urnas intermedias, al menos esa es mi opinión… Sígame en X como @Visionpolitica7

 

 

 

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