Paradoja en DF: desnutrición y obesidad
Mientras que la primera la padecen un millón 150 mil personas (13% de la población en la ciudad de México), la obesidad afecta a siete de cada 10 capitalinos, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y de la Secretaría de Salud del Distrito Federal (Sedesa).
Adriana Contreras, directora general de Igualdad y Diversidad Social de la Secretaría de Desarrollo Social capitalina (Sedeso), dijo que se tiene que trabajar tanto con las personas que preparan la comida como con la población para que, en conjunto, se modifiquen los hábitos alimenticios, y con ello, disminuyan los índices de sobrepeso y obesidad.
La Sedesa establece que tres de cada cuatro camas de hospital las ocupan pacientes con enfermedades relacionadas con la obesidad; otro de los riesgos es una mortalidad 12 veces mayor en jóvenes de 25 a 35 años.
“Estamos tan mal alimentados que somos los primeros lugares en sobrepeso y obesidad, tanto en adultos, adolescentes y niños. Vivimos en un ambiente obesogénico, es decir, que la gente no hace ejercicio, es muy sedentaria, comemos más de lo que necesitamos”, explicó.
La doctora María del Consuelo Velázquez, del departamento de Atención a la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco, refiere que la población capitalina posee una alimentación muy similar a los estadounidenses, es decir, ingieren comida chatarra, pan, jugos con altos niveles de azúcares, así como frituras y bebidas carbonatadas.
“Tenemos esa influencia de la comida rápida, de las pizzas, las hamburguesa, los refrescos. A los niños les encantan los néctares, esas bebidas azucaradas”, afirmó la académica.
Dijo que son necesarias la orientación y educación nutricional para guiar los hábitos alimenticios, de lo contrario, se pueden desatar enfermedades cardiovasculares y metabólicas como diabetes e hipertensión arterial.
Pobreza extrema dispara el problema. De acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), 1.7% de la población de las 16 delegaciones del Distrito Federal presenta pobreza extrema con carencia alimentaria, lo que representa alrededor de 160 mil personas.
La estadística refiere que Iztapalapa es la demarcación con mayor número de personas en el citado rubro al contabilizar 53 mil 678 casos; seguido de Gustavo A. Madero con 19 mil 957; Álvaro Obregón con 13 mil 625; Tlalpan con 12 mil 634, y Xochimilco con nueve mil 920 personas.
“La Sedeso tiene enfocada a la población con escasos recursos. Por eso se desarrollan programas como el de comedores comunitarios en respuesta a esta problemática”, dijo Adriana Contreras.
Explicó que la dependencia opera alrededor de 199 de estos lugares, incluso, adelantó a este medio que en breve se implementarán otros cuatro.
“La meta es llegar a 210; llevamos 119. Obviamente si tuviéramos más recursos, el año que entra podríamos abrir muchos más porque tenemos una lista de espera de 600 solicitudes”, dijo.
A pesar de que los comedores comunitarios son bien vistos por especialistas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco, el académico José Alberto Rivera aseguró que, de acuerdo a un estudio realizado en 2012 por alumnos de esta casa de estudios, las personas que hacen uso de esos comedores prefieren ingerir alimentos con alto valor calórico.
“De acuerdo al resultado de nuestro estudio, la población prefiere platillos con carne a los que están hechos con verduras (…). Eso también nos da una idea de los hábitos y preferencias de la sociedad mexicana en general, que está acostumbrada a ingerir grandes cantidades de carbohidratos y azúcares”, explicó el docente.
Adriana Contreras afirmó que uno de los objetivos de los menús que se ofrecen en los comedores comunitarios es rescatar la comida mexicana: “Queremos volver a los guisados tradicionales (…). Lo que se ha hecho en conjunto con la Secretaría de Salud es dar recomendaciones generales en la elaboración de los alimentos, como disminuir las cantidades de grasas y sal”.
“Hay que tomar medidas como en lugar de ingerir bebidas azucaradas o refrescos, tomar agua potable; ingerir alimentos ricos en fibra, (…). Lo único que te hace cambiar es cuando te enfermas y te dicen que si te da un infarto debes de consumir alimentos sin colesterol, si no te sucede eso, pues ahí te la sigues”, apuntó la doctora.

