Lo que ha hecho AMLO es parecido a lo de Nodal con Belinda: tirar dinero al pozo de la vanidad

El mejor negocio del mundo
MILENIO
GIL GAMÉS
Estamos a las puertas de la elección. Vayamos a los importante. Gil se los dirá sin anestesia: el anillo de compromiso de Belinda burilado en Angel City Jewelers costó tres millones de dólares. Tampoco es la gran cosa. Belinda casará con Christian Nodal, que Dios sepa quién es, pero trae 3 millones de dólares, así nomás, o bueno, sí, medio se sabe: un cantante grupero regional. Se dice que Nodal, sonorense de cepa y supo, gastó 25 mil euros, unos 610 mil pesos, en un exclusivo restorán de Barcelona, a puerta cerrada, para arrodillarse y pedirle matrimonio a su amada. Desde la entrada, informan los sagaces reporteros, un camino de rosas marcaba el destino de los enamorados.
Pero esto no es nada: cuando cumplieron un mes de amor, la pareja decidió tatuarse en la oreja las iniciales del nombre del otro. Gil sabe que no faltarán lectores y lectoras y lecteres que piensen que todo esto es una reverenda, pero ¿qué les parece comprar una refinería vieja de Houston en 600 millones de dólares cerrando un negocio que inició el ex presidente Salinas? Esto que ha hecho el presidente Liópez Obrador es lo más parecido a lo que hizo Nodal con Belinda: tirar dinero al pozo de la vanidad. Deer Park produce lo mismo que algún día producirá Dos Bocas, pero costó la décima parte de lo que costará Tabasco. Belinda recibe el anillo de Nodal (no empiecen) y terminará ganando lo mismo que ganó con Lupillo Rivera. ¿Se entendió?
No. Traducción: Belinda es una cantante (es un decir) conocida por sus tórridos romances con jóvenes de dinero y dinera. Lupillo Rivera, otro cantante regional se tatuó los ojos, los de ella, en el pecho y cuando supo que casaría con Christian Nodal, Lupillo puso un tuit donde la llamó “maestra del engaño”. Lo de la refinería no necesita explicación, ahí hay otros Lupillos.
Gran plan
Gil lo leyó en su periódico El Universal. El director general de Pemex, Octavio Romero, reconoció que la refinería Deer Park, que costará al gobierno mexicano 600 millones de dólares, arrastra una deuda de 980 millones de dólares. La planta de Houston no tuvo utilidades. La gran cosa, meditó Gilga, compras caro una empresa sin utilidades y con deuda.
El Presidente: “la refinería de Deer Park ha tenido utilidades a lo largo de todos los años, a excepción del pasado, por el covid, De ahí, fuera de las farmacéuticas y de las tiendas de alimentos, yo creo que pocas empresas en el mundo tuvieron utilidades. El año pasado esta empresa no tuvo ganancias”. Gil nunca había visto que un gobierno comprara así, de esta forma, pero pues ahora sí que cada quien su cada cual.
Párense los que estén sentados, siéntense los que estén parados (ya, no sigan). La empresa costó 600 millones y se tendrán que pagar 980 millones de deuda. Dioses de las finanzas, bajen y aconsejen a estos hombres por piedad.
Dinero al pozo
Cuando una persona común y corriente percibe que algo anda mal es que algo nada muy mal. Y a Gilga no se la pegan. El Presidente: “Ya esta hecho el análisis financiero específico. Este es un buen negocio para el país (…) Tenemos 47 mil millones de pesos de reserva, 30 mil que están en Banobras, y 17 que se conservaron para lo que era el Fonden, para riesgos, para tener recursos en caso de que se requiriera”. Y si tuviéramos, Dios no lo quiera ¿un desastre natural, un sismo, inundaciones, de dónde vamos a sacar dinero? O sea, todo ese dinero pasa a Pemex, punto y se acabó.
¿Quién asesora al Presidente en materia económica? Nadie. Él es su propio asesor y su jefe de asesores. Que venga el secretario de Hacienda y un minuto después aparece el Presidente. Que venga el subsecretario, y un minuto después aparece el Presidente y así, hasta que no tengamos un peso y culpemos al neoliberalismo de esa catástrofe.
