Sin lugar para las lenguas originarias
El imparcial
Natalia Toledo, escritora zapoteca, percibe que, en el fondo, hay un menosprecio por las culturas originarias.
“Lo que yo veo es que en el fondo hay un menosprecio por las culturas originarias”, señala Natalia Toledo al opinar sobre la Reforma Educativa en México, a la cual se refiere como una reforma laboral, en la que no se incluyen otras voces, “por eso son capaces de hacer un examen uniforme para todos”.
Ante la pregunta de qué se tendría que considerar en la reforma, la poeta remarcó la necesidad de respetar a los pueblos, ya que tienen sus formas, visiones, sus maneras de interpretar el mundo y sí están aquí.
“Tienen sus territorios, sus recursos naturales. Es todo muy complejo y en principio tendría que respetarse eso, como la vida misma, defender los idiomas, porque eso es una cosa universal. No lo pierde una comunidad, lo pierde el mundo entero.
Natalia Toledo, quien desde sus inicios ha participado en el desarrollo de los Premios Casa para la creación literaria, también destacó la labor de varias personas en la enseñanza y preservación de las lenguas indígenas como el zapoteco.
“Hay mucha gente interesada, mucha gente dolida, que sí le pesa, que sí le puede y quiere hacer algo. En ese sentido, son ese granito de arena que todavía respira, que todavía están ahí, haciendo ediciones, lecturas, talleres…”
Refirió el ejemplo de varios jóvenes, que sin apoyo y por iniciativa propia, enseñan alguna lengua indígena a las y los niños.
No obstante, “la cuestión es que estamos desmembrados; de un lado, unos trabajan y luego están las instituciones, que parece que funcionan al revés, porque no están sembrando la palabra, no están generando hablantes, sino que están preocupados por guardarlos en los libros”.
Y los libros -añadió- son una herramienta muy importante, pero es necesario trabajar desde abajo. “Yo creo que enseñándole a los niños más chicos, pero parece que la reforma y todo este rollo de la reforma laboral se contrapone a todo esto de las lenguas originarias”.
Ya antes, la poeta y promotora cultural había dicho que todo esfuerzo ayuda a preservar y mantener las lenguas originarias, ya sea a través de instituciones que se hermanan, la gente que publica en una lengua indígena, los escritores y demás.
“Pero, realmente, quienes hacen que una lengua se mantenga y viva son los hablantes, quienes nombran al mundo en estas lenguas”.
La necesidad de generar hablantes
Natalia Toledo explicó que casi a la par de los Premios Casa (surgidos por iniciativa del artista Francisco Toledo) nacieron los talleres “El camino de la Iguana”, en Juchitán de Zaragoza.
“Entonces, nuestro propósito era enseñar a los jóvenes y niños, pero también a maestros a escribir y leer en zapoteco, porque nos hacía la pregunta Víctor Cata, mi padre y yo ¿qué futuro tienen esos libros que se editan?”
Por ejemplo, explicó, “todos mis libros los he escrito en lengua bilingüe, pero en mi lengua materna no tengo lectores o tengo muy pocos, que son los conocedores o más curiosos, porque no es natural que uno hable y escriba en su lengua, no es lo que nos enseñan desde el principio, sino que nos enseñan en español”.
La idea con los talleres era precisamente esa: generar lectores. Y si bien no todo mundo se convertiría en escritor o poeta, también se incluyó una parte de creación literaria, a cargo de ella, en la que enseñan los géneros literarios, algunos juegos, canciones y trabalenguas.
“Y a mi padre se le ocurrió hacer este premio (Premios Casa) para motivar, incentivar a los nuevos talentos y no tan nuevos”.
Ahora, los Premios Casa llegan a su sexta edición, en la que se agregó un premio para los residentes en California (Estados Unidos).
“Eso va a estar muy bueno porque vamos a ver quiénes de los paisanos, que a pesar de estar trabajando de sol a sol, se dan el tiempo para escribir, para pensar, para extrañar… Hay mucha nostalgia allá, así que posiblemente recibamos canciones, poesías…”, concluyó la poeta.

