*.- El movimiento del sombrero.

Vision Política.

Por: Fernando Cruz Lopez.

 

El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Alberto Manzo Rodríguez, no sólo dejó luto, sino que encendió una chispa que puede convertirse en llama nacional: el llamado Movimiento del Sombrero. Un símbolo simple, nacido del dolor y la indignación de un pueblo que se cansó de ser ignorado. El sombrero, que Manzo usaba como sello personal y que hoy se levanta en marchas y plazas, representa la dignidad del México trabajador, el del campo, el de los pueblos que resisten, el de quienes no quieren morir pidiendo ayuda sin ser escuchados.

 

Este movimiento no nace de partidos ni de intereses políticos. Surge del hartazgo. Del reclamo de seguridad, justicia y dignidad. En Uruapan, el pueblo se ha cubierto la cabeza no para protegerse del sol, sino para honrar la memoria de un hombre que enfrentó al crimen y fue abandonado por el Estado. En ese símbolo campesino y popular se condensa una protesta genuina, sin cálculo electoral, sin discursos prefabricados. El sombrero es la voz de quienes han perdido la fe en las instituciones, pero no en su gente.

 

Si el Movimiento del Sombrero se expande por el país, podría convertirse en una corriente moral más que política. En un recordatorio incómodo de que los mexicanos comunes están cansados de vivir entre balas, extorsiones y promesas rotas. Un movimiento así tiene la fuerza del pueblo cuando se une en torno a un emblema sencillo pero poderoso. Su riesgo, como todo movimiento popular, será no permitir que los partidos lo cooptan, ni que los oportunistas lo vacíen de sentido.

 

El sombrero, en su sencillez, puede transformarse en el nuevo pañuelo o la nueva cruz que simbolice la resistencia civil ante la impunidad. Su expansión dependerá de la capacidad de mantener su pureza, su conexión con el dolor auténtico y su exigencia legítima. Si logra hacerlo, podría marcar una nueva etapa en la conciencia social mexicana: la de los pueblos que deciden cubrirse la cabeza, pero no agachar la mirada.

 

México necesita símbolos que unan, no que dividan. El sombrero puede ser ese nuevo estandarte de justicia si quienes lo levantan recuerdan por qué lo hacen: por los que ya no están, por los que siguen amenazados y por los que aún creen que la vida en este país puede defenderse con dignidad. El Movimiento del Sombrero no debe quedarse en una moda: debe convertirse en una causa. Porque detrás de cada sombrero alzado hay un grito que el gobierno no puede seguir ignorando…Sigame en X como @Visionpolirtica7

 

 

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