Vales de cultura; programa disparejo

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EXCELSIOR

La iniciativa federal de descuentos no superó la centralización. La Ciudad de México concentró 40% de beneficios

CIUDAD DE MÉXICO.

El programa de descuentos La Cultura ¡Vale!, de la Secretaría de Cultura federal, se ha quedado muy lejos de extender sus beneficios equitativamente en todo el país. La Ciudad de México concentra 40% de las 100 mil tarjetas de descuento que se distribuyen en librerías y bibliotecas públicas, mientras que a estados como Durango se han canalizado menos de mil plásticos, y en otras entidades como Sinaloa, Sonora o Nayarit, el beneficio sólo alcanzará a unas mil 300 personas.

De acuerdo con la relación de distribución que ha realizado la dependencia —y que Excélsior obtuvo a través de una solicitud de información pública—, en la Ciudad de México se distribuyen 39 mil 850 tarjetas, lo que equivale a 40% del total de los plásticos. La disparidad con el resto del país es contrastante incluso con aquellos estados que han recibido mayor cantidad de plásticos: a la Ciudad de México sigue el Estado de México, a donde se enviaron cuatro mil 100 plásticos, seguido de Jalisco, con tres mil 40 tarjetas.

Después sigue Michoacán, entidad a donde se enviaron dos mil 780 tarjetas; Tamaulipas, con dos mil 540; Morelos, dos mil 530; Oaxaca, con dos mil 500; Puebla, dos mil 360; Guanajuato, con dos mil 100, y Yucatán, dos mil 80.

Las entidades que alcanzaron menos tarjetas de descuento son Durango, con 910; Nayarit, con mil 110; Sinaloa, con mil 260, y Sonora, con apenas mil 300 plásticos. Al resto de las entidades del país han sido entregadas entre mil 500 y mil 900 tarjetas.

La Ley General de Cultura y Derechos Culturales, publicada en el Diario Oficial de la Federación en junio de 2017, establece en su artículo 8 que: “La Secretaría de Cultura coordinará y promoverá el programa de asignación de vales de Cultura con la participación del sector social y privado, de las entidades federativas y de las alcaldías de la Ciudad de México, para incrementar el acceso a la cultura de los sectores vulnerables”.

Poner en marcha el programa, que inicialmente la Secretaría de Cultura intentó intercambiar por la proyección de espectáculos artísticos a través de pantallas gigantes en plazas públicas, costó a los mexicanos un total de 258 mil 680 pesos. La dependencia federal contrató a la empresa Plastic Printing Innovations para imprimir 100 mil tarjetas de PVC, lo que equivale a un costo unitario de 2.58 pesos por cada plástico.

El contrato, firmado el 2 de julio pasado y cuya copia posee este diario, fue signado por la directora general de Administración de la Secretaría de Cultura, María Eugenia Araizaga Caloca, y el subsecretario de Desarrollo Cultural, Saúl Juárez Vega. En el documento se especifica que los descuentos a los que podrán acceder los beneficiarios serán los productos y servicios culturales que presta la propia dependencia a nivel nacional, y “posteriormente los que ofrecen las instituciones estatales de cultura y las industrias culturales en general”. Los beneficiarios deberán ser mayores de 18 años.

Las tarjetas quedaron listas en julio pasado; ese mes, la Secretaría de Cultura instaló una página web a través de la cual invitaba a afiliarse al programa, aunque, repentinamente, el sitio fue dado de baja y apenas en octubre pasado volvió a reactivar la tarjeta La Cultura ¡Vale!

A través de un registro previo por internet, los usuarios deben proporcionar sus datos básicos para quedar inscritos. Una vez cumplido el trámite, se otorga un folio con el que debe acudirse a una de las 87 librerías Educal y unas 400 bibliotecas públicas.

Excélsior constató que en la Ciudad de México los plásticos se han agotado ya en las librerías Educal, por lo que el personal remite a la Biblioteca de México para recoger la tarjeta de descuentos. Inicialmente, los vales de cultura, como quedaron designados en la ley, fueron mal vistos por la propia titular de la Secretaría de Cultura, María Cristina García Cepeda, quien afirmó que no entendía el programa “como tarjetitas o valecitos” (Excélsior, 15/07/2017) que debían entregarse en zonas marginales del país.

El programa de los vales de cultura se instrumentó a semejanza del proyecto que ya existe en Brasil, pero en México fue insertado de última hora en la Ley General de Cultura y Derechos Culturales. La misma noche que la ley debía quedar votada, los legisladores del PAN propusieron la inclusión del artículo 8, que establecía los vales. Una vez aprobada la ley, el mandato no gustó a García Cepeda, quien declaró a Excélsior: “No lo entendemos como ir a repartir vales. Para mí sería muy fácil irme ahorita en una avioneta al lugar más apartado y desde ahí tirar vales para que todos los recojan, pero, ¿de qué te va a servir un vale si ahí no hay una biblioteca ni un teatro o una librería? No queremos que sea demagógico ni que sea algo asistencialista”.

El programa, sin embargo, parece tener los días contados. La próxima secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, indicó en octubre pasado que los vales de cultura tendrían que ser reformulados: “Sé que se discutió (el tema de los vales) en el texto original de la ley, que se incluyó después en el Senado aduciendo un ejemplo que hay en Brasil, relacionado con que los empresarios den, entre sus prestaciones, un beneficio cultural a sus trabajadores para acceder a la cultura… Creo que no se planteó del todo igual (sic) y hay que analizar cómo se llevó a cabo este programa, (porque) nuestra visión es más incluyente y amplia”, dijo durante su participación en una mesa de diálogo acerca de los derechos de las audiencias.

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