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Su vida NO ha sido un cuento de hadas

Donatella Versace ha tenido una vida complicada. Los lujos no la salvaron, al contrario, ayudaron a solventar su obsesión.

La diseñadora es la más pequeña de tres hermanos, Santos y Gianni, este último, el fundador de la casa Versace. Luego de terminar la universidad donde se graduó de Lengua y Literatura, Donatella viajó a Milán para trabajar en la casa de moda de su hermano.

Empezó con relaciones públicas y después como directora creativa de las líneas Versus de la firma italiana.“A Gianni no le gustaban las fiestas. Yo salía toda la noche. Una vez, en un bar de Nueva York, había una mesa llena de cocaína y todo el mundo esnifaba abiertamente en la pista de baile”, aseguró Donatella a Vogue.

En 1997, cuando su hermano murió, la empresaria tuvo que ser el frente de la casa de moda. “Nada volvió a ser divertido, sólo había dolor, inseguridad y pérdida. Empezaron los problemas con mi familia, el final de mi matrimonio con Paul Beck, el tener que dirigir una compañía a pesar de no estar preparada. Todo el mundo tenía los ojos en mí”, confesó.

Cirugías

A sus 62 años de edad, el bótox y las operaciones estéticas son más evidentes. Su fascinación por el  bronceado terminó con su piel; las arrugas y el exceso de colágeno en sus labios es lo que ahora resalta en su rostro.

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