Sismo devela huellas prehispánicas en Teopanzolco

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EXCELSIOR

La estructura hallada en Morelos habría servido como modelo arquitectónico para levantar el Templo Mayor de Tenochtitlán

TEOPANZOLCO.

El sismo del 19 de septiembre pasado develó huellas prehispánicas hasta ahora desconocidas. Las afectaciones que el desastre provocó en la pirámide principal de la zona arqueológica de Teopanzolco, en Morelos, han permitido a arqueólogos mexicanos localizar el edificio primigenio que los tlahuicas construyeron en el sitio y que habría servido como modelo arquitectónico para levantar el Templo Mayor de la antigua ciudad de Tenochtitlán.

Como el mismo terremoto, el hallazgo fortuito ha cimbrado las ideas que hasta ahora tenían los especialistas, incluida la del fechamiento del sitio que ha sido recalculado entre el 1150 y 1200 (Posclásico Medio) de nuestra era y ya no en el 1300 que se creía. Pero, sobre todo, ha cambiado la idea sobre la influencia que la pequeña localidad pudo haber tenido para la majestuosa capital azteca.

El hallazgo nos cambia la cronología del sitio; quizá primero fue construido este basamento y después, a imagen de ese tipo de construcción, se construyó el Templo Mayor de Tenochtitlan; es decir, fue a la inversa, no es que los aztecas trajeron ese estilo arquitectónico a Teopanzolco, sino al revés, la arquitectura tlahuica inspiró a los mexicas para construir su Templo Mayor (alrededor de 1390 d.C)”, afirmó la arqueóloga Bárbara Konieczna.

La localización de la estructura primigenia fue posible gracias al hundimiento, de entre 30 y 40 centímetros, que el sismo provocó en la parte superior del edificio principal de Teopanzolco, una estructura ceremonial de doble escalinata que en la parte superior debió contar con dos adoratorios, uno dedicado a Tlaloc y otra más al sur, dedicado a Huitzilopochtli. Estas afectaciones, a decir de Konieczna, pusieron la estructura piramidal al borde del colapso.

 

El sismo del 19 de septiembre pasado develó algunas huellas prehispánicas hasta ahora desconocidas.

 

Los especialistas decidieron entonces realizar dos pozos de excavación para estudiar el grado de estabilidad que conservaba el núcleo de la pirámide y emprender su reforzamiento. Pero el destino les tenía lista otra historia: al excavar encontraron enormes piedras de basalto y tierra que se fueron asentando, pero no del todo. Como sucede en casi todas las culturas mesoamericanas, los tlahuicas también habían construido antes un edificio debajo de su pirámide principal.

Lo relevante fue que esa estructura ya presenta el estilo arquitectónico de dos escalinatas que conducen a dos templos en la parte superior, sólo que la primigenia fue construida con unos 100 años de anticipación. Este tipo de edificios, dice Konieczna, es característico de las culturas del centro del país, aunque también se ha identificado en la zona maya. En ellos se representa la dualidad de la religiosidad prehispánica y sus ejemplos más logrados se han localizado en Texcoco, Tlatelolco y, por supuesto, en el Templo Mayor.

La estructura primigenia de Teopanzolco ha sido fechada en la misma época que la pirámide chichimeca de Tenayuca, Estado de México, uno de los primeros ejemplos de edificios de doble escalinata; en ese caso, como en el tlahuica, se trata de una de las siete tribus nahuas que, de acuerdo con las crónicas y los códices, habrían partido de Aztlán junto con los mexicas y que en el camino al centro de Mesoamérica  se fueron quedando en diferentes territorios.

Hoy, el sitio de Teopanzolco apenas abarca 2.5 hectáreas. Predecir la extensión que tuvo es difícil debido a que el crecimiento de Cuernavaca se comió toda evidencia arqueológica. Lo que sí se sabe es que la ciudad fue abandonada alrededor de 1428, cuando Cuauhnáhuac (el lugar donde hoy se localiza el Palacio de Cortés y la Catedral de la capital morelense) concentró todo el poder de la región después de que Itzcóatl conquistó parte del actual territorio morelense.

Desde el sismo del año pasado, Teopanzolco cerró sus puertas al público, pero, a decir de Isabel Campos Goenaga, directora del Centro INAH Morelos, podrá abrir nuevamente “en octubre o noviembre” próximo. Mientras tanto, serán intervenidas otras áreas afectadas y cubiertos los vestigios del edificio primigenio para asegurar la estabilidad de la megaestructura principal.

Llevar a cabo los trabajos, explicó, ha sido posible gracias a un presupuesto que la Secretaría de Turismo federal bajó a través de su par estatal. Para una segunda etapa, agregó, se utilizarán recursos del Fonden y de los seguros que el INAH tiene contratados, que ya han sido conciliados. De las siete zonas arqueológicas abiertas en Morelos, sólo Teopanzolco debió ser cerrada por los sismos, aunque distintas áreas de Xochicalco, como el Observatorio y la Acrópolis, están en espera de ser intervenidas.

 

cva

 

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